Electrocución de aves. El gran matadero

Miguel del Pino

El pasado mes de septiembre nueve importantes entidades relacionadas con la conservación de la naturaleza en España, entre ellas la revista Quercus, decana de la prensa ambiental en nuestro país, presentaron en Madrid la Plataforma SOS Tendidos Eléctricos. Con esta acción se pretende alertar a la opinión pública sobre la extrema gravedad del problema de la electrocución de fauna por choque contra este sistema

Cientos de miles de aves mueren actualmente de esta forma en nuestros campos, especialmente en los espacios abiertos, con el agravante de que buena parte de ellas pertenecen a especies de alto valor ecológico y poblaciones escasas, como las grandes rapaces y las carroñeras veleras, como los buitres.

Los organizadores de la Plataforma afirman, textualmente, que: "Queremos centrar la atención sobre lo que, a día de hoy, es la principal causa de muerte no natural a la que se enfrentan algunas de nuestras especies más amenazadas, como son el águila perdicera o de Bonelli y el águila imperial ibérica."

Durante los últimos quince años han muerto en España electrocutadas más de 200 águilas perdiceras y más de 120 águilas imperiales, una situación que los miembros de estas entidades califican de insostenible, y que desde luego pone en jaque todos los esfuerzos que vienen realizándose para estabilizar las poblaciones de ambas especies amenazadas.

Los ciclos reproductores de las rapaces juegan en contra de su conservación si sufren agresiones como la que comentamos. Al carecer prácticamente de enemigos naturales crían muy pocos pollos, a veces sólo uno o dos al año, por lo que la electrocución del número de ejemplares que hemos reseñado amenaza seriamente la supervivencia de la especie.

La nueva plataforma anuncia su intención de exigir a las administraciones públicas y a las compañías eléctricas que asuman su responsabilidad invirtiendo en soluciones eficaces y duraderas. Por otra parte, se pondrá a disposición de la sociedad toda la información y experiencia acumuladas por la Plataforma.

En honor a la verdad hay que decir que en las pasadas décadas, cuando comenzó a detectarse la gravedad del problema del choque de las aves con los tendidos eléctricos, las compañías reaccionaron de manera muy positiva y colaboraron con los medios ecologistas colocando balizas y otras estructuras salvapájaros, llegando a enterrar algunos trazados de cables en zonas de especial peligro para aves protegidas.

Las nueve entidades que forman la Plataforma son en su mayor parte ONG conservacionistas, como Ecologistas en Acción, Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos, Sociedad Española de Ornitología (SEO BirdLife), Sociedad Ibérica para el Estudio y Conservación de los Ecosistemas (SIECE) y WWF España. Pero también están presentes otros colectivos y profesionales dedicados a la conservación de la Biodiversidad, como los Agentes Forestales y Medioambientales (AEAFMA), los hospitales de animales salvajes (Amus y Grefa) o medios de comunicación especializados como la revista Quercus.

Estamos hablando de entidades y personas de máxima solvencia y prestigio y que han demostrado que predican con el ejemplo. En este caso sí merece la pena que todos los ciudadanos sensibles avalen sus esfuerzos.

En ocasiones las medidas correctoras necesarias para evitar la electrocución de aves en postes de alta tensión, o el choque contra trazados mal colocados o poco visibles, pueden resultar muy costosas como es el caso del enterramiento de líneas. Otras veces se trata de poner en juego la imaginación en los diseños de aislamiento hasta el extremo de que no es extraño ver anidar algunas rapaces en postes eléctricos con las suficientes medidas de aislamiento, lo que resulta verdaderamente curioso.

Comentan los responsables de la revista Quercus, en su editorial correspondiente al número de octubre, que este gravísimo problema admite soluciones asequibles y eficaces, y recuerdan los pasados años noventa, cuando la instalación de las medidas correctoras a que antes hacíamos referencia salvaron de la extinción al águila imperial ibérica. Pasado el entusiasmo inicial de las compañías eléctricas no se mantuvo el trabajo de protección con la necesaria efectividad. Ahora el problema se recrudece.

Las compañías eléctricas y las administraciones competentes deben actuar de manera conjunta. Está todo claro y en este caso no hay que buscar criminales desconocidos, como en el caso de los envenenadores o los incendiarios. En bien sencillo: sólo se necesita dinero, un dinero inteligente y en beneficio de la biodiversidad de todos los amantes de la naturaleza.

A continuación