Animales y experimentos científicos

El perro Excalibur, el caballo Jim y otros colaboradores de la ciencia

Miguel del Pino

Han pasado ya las horas suficientes para que podamos enfocar el tema del sacrificio del perro Excalibur de una manera racional. La reacción de los animalistas radicales ha causado asombro en todo el mundo, hasta el punto de dejar en segundo plano por algunas horas la tragedia sufrida por sus dueños.

El dilema de sacrificar un animal en beneficio de la Ciencia no es nuevo en absoluto. La Historia de los dos últimos siglos es pródiga en ejemplos de médicos que han vacilado ante la necesidad de matar mascotas en beneficio de la conclusión de sus experimentos, a veces con cargo a su conciencia de amantes de los animales tales sacrificios.

En el caso del perro de la enfermera madrileña, algunas voces importantes en el terreno científico llamaban la atención sobre el valor del perro vivo como material de estudio de la posible evolución de la enfermedad en la especie canina. Es sabido que los perros domésticos pueden portar anticuerpos del ébola si han estado en contacto con la enfermedad, y que a pesar de ello no la padecen.

Precisamente en esta resistencia se basa la importancia que podría haber tenido el mantenimiento en cuarentena del perro y la observación detenida de su evolución. Sin embargo las autoridades veterinarias se han opuesto a ello casi de manera unánime aplicando el llamado "principio de precaución". La única instalación con garantía de "Seguridad cuatro" para el mantenimiento de animales no se ha atrevido a hacerse cargo del animal, y hay que comprender esta postura, aunque posiblemente habría merecido la pena intentarlo.

La resistencia de algunas especies animales ante enfermedades graves o letales para el ser humano ha sido fundamental en el descubrimiento de vacunas y sueros para combatirlas en numerosos ejemplos históricos: el tétanos y la viruela son los más significativos.

En el caso del tétanos fue fundamental el conocimiento de la resistencia a esta bacteria, un Plectridium con forma de diminuta raqueta de tenis, por parte del ganado equino, especialmente del caballo. Las bacterias tetánicas, cuya penetración en heridas profundas sin oxigenación resultaba mortal para el hombre, son muy abundantes en el intestino de los équidos que las soportan sin padecer su ataque.

Jim y otros héroes

Un caballo llamado Jim fue utilizado como primer productor de suero antitetánico; recibió numerosas dosis de bacterias vivas y su sangre acumuló en el suero los suficientes anticuerpos para producir el primer medicamento, pero los científicos se pasaron de dosis, el pobre Jim murió y la imprudencia en el manejo de sus productos causó la muerte de tres personas. Aunque se salvaron numerosas vidas futuras, en este caso el principio de precaución no fue aplicado correctamente.

La viruela, una enfermedad vírica aunque el virus que la produce sea de naturaleza bastante diferente al filovirus del ébola o a la del sida, fue también controlada gracias a las observaciones del médico inglés Edward Jenner acerca de la inmunidad que presentaban los vaqueros, especialmente quienes ordeñaban a las vacas. Bastó comprobar que estas reses padecían una variante benigna de la enfermedad, llamad Cow-Pox, que llenaba de pústulas las ubres, y que contagiaba los dedos de los vaqueros sin infectarlos, para tener las bases de la fabricación de la vacuna.

El gran Pasteur utilizó la médula de un perro rabioso para obtener la primera vacuna contra la rabia, también vírica y también mortal en su época. Parece que este sabio insigne era un gran amante de los animales y que sus escrúpulos a la hora de sacrificar canes le hicieron paralizar algunos experimentos, como los que estaban a punto de conducirle al descubrimiento de la diabetes. En cualquier caso parece más que demostrada a lo largo de toda su vida su condición de buena persona, algo también muy importante en el código de actuación de un médico, desde las recomendaciones del mismísimo Hipócrates.

Y también algunos villanos

En el extremo contrario, el sabio Barón de Magendie, en el XVIII francés no sólo no compartía el código de actuación de Pasteur, sino que parecía recrearse ante los experimentos cruentos. Sus investigaciones sobre el Sistema nervioso basadas en la producción de lesiones a gatos domésticos son más propias de una película de terror que de la conducta de un científico.

No es sencillo entrar en suposiciones sobre lo que hubiera podido aportar a la Ciencia el mantenimiento en cuarentena de Excalibur, aunque tratando de pensar de manera objetiva tal vez hubiera sido mucho más cruel para el pobre perro. Un animal de más de doce años separado de sus amos de toda la vida habría pasado experiencias muy tristes por bien que hubiera sido tratado.

Una lección que debemos aprender es la necesidad de contar permanentemente con instalaciones perfectamente preparadas para todo lo que pueda venir en el futuro, aunque posiblemente un gobierno que invirtiera lo suficiente en ello sería cruelmente criticado por esa oposición siempre dispuesta a sacar provecho, con menosprecio de la más elemental ética: hasta que el lobo volviera a mostrar sus erguidas orejas.

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