El ¿peligro? de la araña violinista

Miguel del Pino

La noticia sobre el supuesto hallazgo de una araña violinista americana en un barrio madrileño, tan profusamente difundida en los medios de comunicación, ofrece serias dudas a pesar del respeto que merece la fuente, que es la Policía Municipal de la Capital.

Dicha araña se denomina así por un dibujo en forma de violín invertido en el dorso de su pieza dorsal, pero la especie americana Loxosceles reclusa, verdaderamente peligrosa por el poder necrosante de su veneno, cuenta con otra muy próxima en la fauna española, Loxosceles rufescens. Las fotografías difundidas no aclaran si se trata de una o de otra.

Nuestra especie ibérica, rufescens, es muy abundante y su hallazgo no sería nada excepcional. Cualquier estantería con libros se convierte en un excelente hábitat para ella cuando tiene huecos en donde alojarse entre los libros y la pared.

Es frecuente cuando procedemos a una limpieza a fondo libro por libro, del polvo de la estantería, que encontremos restos de las mudas de la araña, que es muy plana y va cambiando de exoesqueleto para poder crecer. Así lo hacen los artrópodos, animales de caparazón externo duro.

En algunas ocasiones la picadura de nuestra Loxosceles, que es mucho menos peligrosa repito, que la americana, causa lesiones considerables a algunas personas aunque siempre son curables, lo que no tarda en generar una crisis general de "arachnofobia", como sucedió hace años en Sevilla. En España nunca se han dado picaduras procedentes de la especie americana Loxosceles reclusa.

Lo que sí demuestra la fotografía es que se trata de un macho, por aparecer claramente los pedipalpos terminados en maza. Son el primer par de apéndices, situados al lado de la boca. Además, todas las arañas cuentan con cuatro pares de patas.

La fecundación en las arañas es muy curiosa: responde al modelo "llave cerradura". El macho tiene el órgano copulador en el extremo de esos pequeños apéndices, en cuyo ápice se forma una maza o bulbo que, para depositar el esperma en el orificio genital de la hembra, tiene que encajar en los huecos de una placa que cubre éste, llamada epigino.

Si el bulbo no encaja en los huecos y relieves del epigino no habrá posibilidad de fecundación, lo que evita la hibridación entre especies muy próximas.

Bulbo copulador y epigino forman la llamada genitalia, y para determinar con exactitud a qué especie pertenece una araña, suele ser necesario su estudio al microscopio., lo que requiere necesariamente un experto en arachnología.

En el caso de Loxosceles no hay epigino en la hembra, ya que en este grupo el orificio genital femenino se encuentra al descubierto. Este tipo de arañas se llaman Haploginas, y además se distinguen por tener seis ojos en lugar de ocho que es lo general en las arañas.

En el caso que ha generado la alarma, al tratarse de un macho sería posible estudiar su genitalia, lo que no parece que se haya hecho. La posibilidad de que se trate de la especie española queda abierta, al menos hasta un estudio más detallado si el estado de la muestra lo permite.

La teoría de que pueda tratarse de un ejemplar escapado a un coleccionista, que es lo que se está difundiendo, tratando de relacionar el caso con el tráfico de especies protegidas, raya en el absurdo. Hay muchos coleccionistas de espectaculares arañas gigantes del grupo de las Mygales, y el comercio ha ido seleccionando las inofensivas para el hombre, pero coleccionar las pequeñas y poco vistosas Loxosceles sería algo insospechado.

En nuestro artículo del próximo domingo nos ocuparemos más despacio de las arañas y la arachnofobia. De momento tratemos de evitar el alarmismo que suele generar este tipo de noticias.

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