La ciencia y los políticos

El macho alfa

Miguel del Pino

Lo hemos escuchado recientemente con motivo de la difusión en los medios de la alocución dirigida a sus seguidores por Pablo Iglesias, al que, por lo que comentaremos a continuación, no me atrevo a calificar de líder de Podemos.

"Yo no soy un macho alfa", protestó ante los aplausos que estaba recibiendo, de manera que nos trasladamos inmediatamente al complejo mundo de la etología, la más joven de las Ciencias Biológicas, que se ocupa del comportamiento animal y de cuyos principios a veces no podemos escapar los seres humanos.

¿Qué son los individuos alfa?

De momento sobra la palabra macho, ya que la condición alfa puede ser asumida tanto por machos como por hembras y, en ocasiones, hasta por parejas, en función de las diferentes especies animales de que se trate. En consecuencia, hablaremos en general de individuos alfa sin especificar el género al que puedan pertenecer.

Los individuos alfa son líderes de grupo. Ante las dudas surgidas recientemente, no abordaremos la cuestión de si se nace alfa o se adquiere ese rango a lo largo de la vida, o lo que es igual, si existe una genética que encamina al nacimiento de futuros alfa. Lo cierto es que los individuos de este rango son fundamentales para la supervivencia del grupo.

Nos referimos, como es lógico, a especies animales sociales, donde es necesaria la jerarquización a la hora de mantener la cohesión del grupo y asegurar las funciones de defensa y reproducción. Para llegar a ser alfa, el ejemplar suele tener que superar una serie de pruebas, en ocasiones físicas, de modo que demuestre ser el mejor dotado para las exigentes funciones que la naturaleza va a exigirles.

Si abordamos ahora el ejemplo arquetípico de los ciervos embistiéndose durante el periodo de la berrea o de los urogallos peleando en el cantadero, en ambos casos, para acceder a la posesión del harén de hembras reproductoras, estaríamos en peligro de caer en la simplificación excesiva. La herencia poligénica tiene leyes más complejas que el acceso a la transmisión de sus genes del más fuerte o feroz, pero esquemáticamente podemos comprender el fenómeno ante la contemplación de estas batallas ritualizadas y casi siempre incruentas.

El jefe alfa no puede defraudar la confianza de sus súbditos. Cuando los peligros acechen a su grupo deberá asumir su condición y guiarlo, defenderlo o hacer cuanto proceda para garantizar la supervivencia global.

No podría haber alfas sin betas, es decir, sin miembros de segunda clase que opositan en cuanto tienen ocasión a la condición de líder. Los beta analizan de manera constante cualquier signo de debilidad a senilidad en el líder esperando la ocasión de sustituirle, a veces mediante una lucha ritual en que el gobernante resulta derrotado.

También están los omega. Se llama así a los últimos en la graduación social, el farolillo rojo, peor dotado por la naturaleza para la asunción de responsabilidades. A menudo conspiran y rabian o se marchan del grupo en busca de mejores oportunidades. Así es la dureza de la vida social y volvemos a reflexionar sobre cómo pueden estas reglas afectarnos a los propios humanos.

¿Se puede gobernar sin ser un alfa?

La expresa renuncia a la condición alfa expresada por Pablo Iglesias nos conduce a un dilema de carácter etológico: sin duda pretende gobernar, pero ¿es posible que la gran tribu humana sea gobernada por quien no asume la condición de líder?

En el mundo de los gorilas sólo puede acceder a la condición de jefe del grupo quien jamás ceda el paso a otros miembros ante un camino estrechado. De hecho ciertos jóvenes prometedores por su fortaleza física son ignorados por las hembras si cometen el error de ceder el paso. Los humanos lo hacemos por costumbre y por educación, pero sin reflexionar sobre lo que realmente significa. Al ceder el paso en una puerta renunciamos al liderazgo en favor de la persona en quien delegamos, de manera que debe ser ella quien se enfrente a cualquier dificultad u obstáculo inesperado que pueda presentarse.

Se puede llegar a gobernar sin ser alfa y ejemplo significativo encontramos en el más humano de los primates en cuanto a comportamiento: el chimpancé enano o bonobo (Pan paniscus). Se parece a nosotros hasta en el hecho de ser capaz de conspirar y de establecer alianzas para acceder al poder y desplazar a los dominantes de su clan. En los bonobos puede que no gobierne el mejor, sino la víctima de una conspiración con resultado de alianza entre los débiles. La naturaleza no premia aquí la excelencia de los mejores, sino la astucia de quienes saben asociarse.

En esta clave debe interpretarse la declaración de Iglesias, etológicamente rara. Cabe interpretar que expresa su intención de aliarse para ganar. ¿Con quién?, esa es una pregunta mucho más sociológica que etológica , por lo que no entraremos en el tema.

¿Es malo ser alfa?

Si el dirigente de Podemos empleó el término "macho alfa" con carácter peyorativo cabe pensar que incurre en error al no distinguir entre los dos subtipos de alfa que pueden presentarse en la naturaleza: el alfa matón y el alfa director y gobernante.

El matón es en realidad un falso alfa. Trata de abusar de su fortaleza y puede llegar a esclavizar a sus congéneres débiles, pero por lo general esta situación llega a un final muy infeliz. Las alianzas de los oprimidos terminan por derrocarle, y a menudo es finalmente expulsado del grupo. Este tipo de conductas son frecuentes en los individuos inmaduros que destacan por su fuerza o por su precocidad en el crecimiento, y es extensible al ser humano, en el que el fenómeno causa una buena parte de la conflictividad entre escolares. El alfa matón es siempre un indeseable.

El alfa conductor es todo lo contrario. No abusa de su posición y consigue ser no sólo admitido sino también valorado y querido por su grupo, al que sabe guiar de manera sabia y prudente. Tras lo sucedido el pasado sábado en el estadio Santiago Bernabéu, el nombre de Ancelotti acude a la imaginación en este sentido.

Sería demasiado extensa la casuística de ejemplos del mundo animal. Los lobos son regidos por una pareja alfa, los elefantes y las ballenas por una hembra adulta, muchos primates por un macho alfa. Los humanos suelen precisar de complejas alianzas para llegar a gobernar. A veces no es sencillo traducir sus declaraciones en verdaderas declaraciones de intención. Somos muy complicados.

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