El lince de río

Miguel del Pino

A comienzos de los años setenta un buen amigo, el naturalista y taxidermista alavés Fernando Carasa, me mostró una piel obtenida de un ejemplar que había aparecido muerto en el borde de un curso de agua en la montaña próxima a Vitoria, el despojo correspondía a un visón europeo salvaje y probaba su existencia en Álava y por extensión en España.

Siguiendo la petición del señor Carasa deposité la piel en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid: el escasísimo visón europeo Mustela lutreola aún sobrevivía, aunque por su escasez cabía suponer que tal supervivencia estaba seriamente amenazada.

El último censo de la especie en nuestra Península se remonta a quince años atrás y arrojó un total de quinientos ejemplares, lo que coloca a la población española en riesgo inminente de extinción, la misma en la que se encuentran las poblaciones europeas del norte.

En España el visón salvaje se encuentra restringido a cursos fluviales especialmente limpios de las Comunidades de Navarra, La Rioja, Castilla y León y País Vasco; hay indicios de su posible presencia en Cataluña, aunque podría tratarse de ejemplares dispersos procedentes de Aragón. Casi todo sobre esta especie está todavía por investigar.

Lo que no se pone en duda es su belleza, que lo convierte en una joya de la fauna española, y no sólo por su piel, sino también por su figura estilizada e hidrodinámica y por la agilidad de sus movimientos de pescador, pues nuestro visón es más piscívoro que carnicero.

La especie europea, y en particular la población española, está completamente ligada a los cursos de agua siempre que se trate de corrientes muy limpias como decíamos, de manera que viene a convertirse en el mejor indicador ecológico de la ausencia de contaminación. Sólo por esto ya debería ser considerado un animal de gran importancia, por detectar antes que otras señales la necesidad de depurar el agua, por la presencia de industrias contaminantes junto a la corriente.

No hay que confundir a nuestra especie con el visón americano, Neovison vison, que es bastante más grande y de nutrición más carnívora que piscívora. La especie americana es la que se criaba de manera industrial cuando prosperaban las granjas de animales de peletería, antes de su ocaso por la presión ejercida sobre estas industrias por el movimiento ecologista.

Si llegan a coexistir en la naturaleza ambas especies, la americana compite con ventaja no sólo por ser más grande, sino sobre todo por sus menores exigencias de calidad de hábitat y de alimentos.

Por todo lo anterior es recordada como uno de los grandes atentados ecológicos ocurridos en España la liberación de visones americanos que languidecían en una granja segoviana arruinada, por parte de activistas de un movimiento animalista radical que nacía por aquellos años setenta del pasado siglo y que carecía de los conocimientos mínimos necesarios para no caer en este tipo de actos violentos. Ya se sabe que "de buenas intenciones están empedrados los infiernos".

La mayor parte de los visones liberados murió en las siguientes jornadas y sus cadáveres o sus supervivientes agonizantes aparecían en los alrededores de la granja, pero unos pocos sobrevivieron y aún hoy son una sensible amenaza para la fauna del Guadarrama segoviano.

Volviendo a la situación del visón europeo y de los quinientos ejemplares que según se cree sobreviven en estos momentos en España, la prestigiosa WWF España, antes Adena, insta a la administración al establecimiento de un plan de emergencia que trate de salvar la especie.

Dicho programa comenzaría con un nuevo censo para tratar de aclarar cuántos ejemplares quedan en estos momentos y cuál es su distribución; después, ante lo reducido de estos efectivos parece imprescindible establecer un programa de cría en cautividad que trate en primer lugar de formar una población mínima estable, con el objetivo a medio o largo plazo de liberar ejemplares en la naturaleza.

Una estrategia similar se empleó para la salvación del lince ibérico, cuya población se ha quintuplicado desde que comenzó aquella. El visón está tan amenazado como lo estuvo el lince, de manera que hay que aprovechar lo que nos ha enseñado el afortunado ejemplo del felino.

Por su rareza y por su belleza se ha llamado al visón "lince del río". Su extinción, a la que parece abocada la especie en unos pocos años, sería un lamentable suceso que hay que evitar por motivos científicos, culturales, ecológicos y hasta estéticos.

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