Historias del zoo

El Koala 'fichado' por Madrid

Miguel del Pino

Como un pasajero más ha llegado a Barajas una curiosa criatura: se llama Kuna, que en dialecto aborigen de Australia, su país de origen, quiere decir "hoja verde". Del aeropuerto, a la Casa de Campo para convertirse en un huésped particularmente valioso del Zoo Acuarium de Madrid.

No será el primer Koala que Madrid adopta con todos los cuidados. En el zoológico, Kuna va a encontrase con una pareja de su especie: Calomadra y Bengeno, hembra y macho respectivamente.

En primer lugar viene al recuerdo quien fue primera directora del Zoo, la Doctora Margarita Celma, para quien era un verdadero sueño que algún día Madrid llegara a albergar koalas. Hablamos del año 1974, recién inaugurado el recinto, y este sueño se cumplió el año 2001, cuando llegaron los dos primeros ejemplares, procedentes en aquel caso del modélico zoológico norteamericano de San Diego.

Kuna procede del Zoo alemán de Duisburg y forma parte de un programa de reproducción de la especie que implica a Alemania, Reino Unido, Portugal, Austria, Francia, Bélgica y España, y que cuenta en total con 37 ejemplares. Creemos muy importante divulgar este aspecto de la tenencia en zoológicos de animales fuera de lo común, especialmente ante aquellos que critican la existencia de estas instituciones. Aparte de las labores de exhibición de animales y de educación ambiental, los zoos modernos son verdaderas Arcas de Noé en las que muchas especies en peligro han encontrado el último reducto para salvarse de la extinción.

Una vida tranquila

Volviendo a los koalas, Kuna pasará una corta temporada de adaptación antes de poder ser contemplado por los visitantes. Su vida no estará llena de emociones, pero sí de una tranquilidad que reina en el mundo de su especie y que para nosostros quisiéramos muchos humanos en plena y estresante actividad laboral. Los koalas duermen 20 horas diarias, cómodamente agarrados a las ramas y a una temperatura entre 20 y 25 grados. El resto de la jornada lo invierten en masticar y deglutir con toda parsimonia las hojas de eucalipto que solícitamente les son suministradas por sus cuidadores. Por supuesto no ven los telediarios con las últimas noticias políticas y económicas.

Los koalas pertenecen a los marsupiales, o Metaterios, una de las subclases de la clase zoológica de los mamíferos (Mammalia). Es bien sabido que nacen en una fase muy primitiva de su desarrollo embrionario, y que necesitan sujetarse nada más nacer a un pezón de las mamas maternales, del que no se separarán hasta que prácticamente hayan concluido dicha etapa de su desarrollo.

Lo que dan a luz los marsupiales es poco más que una larva, hablando en términos zoológicos, pero la evolución lo tiene todo previsto, y en muchos grupos la piel del abdomen materno se repliega formado una bolsa marsupial, o marsupio. Las glándulas mamarias quedan dentro, y el lactante permanece bien protegido en su delicada primera etapa.

Una especie con encanto

Cuando el desarrollo ha concluido, madre y crías no se separan mucho: los canguros dejan salir de la bolsa a sus pequeños cuando ya son capaces de desenvolverse solos, pero vuelven a escape a esconderse en su seguro refugio cuando intuyen el menor peligro. Las zarigüeyas americanas, que tienen varias crías por parto, las llevan sobre su lomo con los rabillos enroscados al de la madre, situado en paralelo al lomo como el cable de los tranvías.

La mamá koala transporta a su cría de una manera especial. Sobre su espalda, como una mochila viviente; esta tierna imagen convierte a la especie en un gracioso icono, adorado por los niños, que ven en la madre y su cría un doble peluche, y que es también grarantía de respeto por parte de los seres humanos que conviven con ellos.

Tras uno de los voraces incendios que asolan anualmente vastas extensiones del continente australiano, los koalas se acercaron aterrorizados a las carreteras tratando de escapar de la deshidratación y el calor, recibiendo una respuesta unánime por parte de las personas que los encontraban: los llevaron a sus casas, los bañaron, los curaron. Verdaderamente el koala y el hombre pueden ser buenos amigos, muy especialmente a causa de la ternura que nos inspira la imagen de la madre con su pequeño, una miniatura de ella misma, colgado de su peluda espalda.

Es pronto para saber si en Madrid veremos algun día esa escena en el protegido refugio de los koalas, resguardado del calor y del exceso de luz. Si se consigue la crianza podría haberle salido competencia en el liderazgo de la popularidad a los mismísimos Osos Panda.

Marsupiales australianos

Un pequeño repaso científico nos lleva a considerar a los Koala (Phascolarctus cinereus) como marsupiales miembros de la familia Phascolarctidae, que se distibuye por el Esta de Australia continental. Son principalmente nocturnos y están muy bien capacitados para la vida arborícola.

Para poder trepar y asirse incluso a las ramas más delgadas, las uñas son muy grandes y crecen por igual en todos los dedos. El primero y el segundo de la mano pueden oponerse a los otros tres, formando una perfecta pinza. Los machos pesan hasta un cincuenta por ciento más que las hembras.

Durante la época de celo, los koalas dejan de ser silenciosos. Machos y hembras emiten diferentes vocalizaciones, algunas de la cuales, en los machos, son verdaderos bramidos que se oyen durante toda la noche. Las hembras dan a luz una sola cría en cada parto, que al nacer pesa menos de medio gramo, el desarrollo pegado el diminuto hijo a un pezón, dura al menos cinco meses hasta el destete, cuando empiezan a alimentarse de una papilla procedente del intestino ciego de la madre.

Después de siete meses, las crías abandonan definitivamente la bolsa, pero no se despegan del dorso de la madre hasta cumplir los once meses de edad.

Un hígado portentoso

Lo más portentoso de los koala son las adaptaciones de su aparato digestivo, en función de la alimentación exclusiva con hojas de diferentes especies de eucalipto. Esta dieta tan especializada es baja en proteínas y muy fibrosa, y además las hojas cuentan con algunos componentes, tóxicos para otros animales, que son depurados en un hígado portentoso. Esta funcion hepática detoxificante sugiere una interesante investigación científica.

También el intestino es muy especial. El tramo llamado ciego, muy corto en otros mamíferos, es en este caso larguísimo, record en los mamíferos en proporción a su tamaño, y en él se realiza una gran fermentación microbiana de cuyo estudio podríamos sacar también interesantes conclusiones médicas.

En definitiva una criatura apasionante a la que deseamos larga y prolífica vida en el Zoo acuarium de Madrid. Su bienestar requiere verdaderos esfuerzos, ya que este sibarita del eucalipto consume tranquilamente medio kilo de hojas al día, y no de la misma especie, sino de hasta quince diferentes, de las que el Zoo se surte desde plantaciones de Huelva y que renueva semanalmente para que guarden el frescor adecuado.

Bienvenido "Hoja verde". Un nuevo madrileño adoptivo.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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