El hombre mosca

Miguel del Pino

Dice mi amigo Juan, el psicólogo, que cuando leyó la "noticia" de que el Homo sapiens comparte casi la totalidad de su genoma con la mosca del vinagre cada vez que se afeitaba y hacía ante el espejo los gestos propios de tal operación no podía evitar sentir la sensación de que su cara tenía rasgos de díptero, y eso que nunca aceptó que él fuera simplemente una "mosca del vinagre".

La supuesta similitud entre los genomas del hombre y determinados animales, principalmente los grandes simios, es uno de los argumentos básicos del llamado "animalismo radical", que representado en España por el partido animalista PACMA ha conseguido en las últimas elecciones algo más de 200.000 votos. Tal similitud no es sino uno de los muchos caramelos envenenados que acompañan a otros argumentos de similar fundamento "científico". Vamos a decirlo muy claro: los humanos somos muy diferentes de los monos antropoides, y no digamos de la mosca del vinagre.

La comparación del ADN del Hombre con la de un chimpancé, nuestro más próximo pariente en el mundo arbóreo de los grandes primates, con más de un 97 por ciento de similitud permite dos interpretaciones bien diferentes y contradictorias en cuanto a conclusiones. La primera sería: somos prácticamente iguales; la segunda: cuántas diferencias se esconden tras ese gran parecido químico entre los núcleos de nuestras respectivas células.

Errónea simplificación

Desde el punto de vista biológico, establecer una correspondencia biunívoca entre genoma e identidad encierra graves errores por simplificación. Al estudiar el funcionamiento bioquímico y genético de las células con intención de sacar conclusiones evolutivas no sólo sería necesario tener en cuenta la naturaleza cualitativa y cuantitativa del ADN de las especies implicadas en la investigación, sino otros muchos factores, como la regulación de los genes, la forma en que éstos transfieren su información para formar las proteínas, es decir, el proteinoma, la diferencia entre exones e intrones dentro de la molécula y un amplio etcétera que no tiene cabida en las intenciones de este artículo.

Pero las consecuencias de tal simplificación y su interpretación por intencionalidad o por falta de conocimientos biológicos básicos pueden tener grandes e insospechadas consecuencias sociológicas y hasta políticas. Basta con convencer a la población inocente de su gran parecido no ya con el chimpancé, sino hasta con la mosca del vinagre; si convenimos en que usted no es más que eso, a su embrión lo aborto, a su fase senil la eutanasio y su voto lo cambio como si fuera un "cromo repe". Cosas del materialismo en estado puro.

No pretendemos invadir el terreno religioso o moral, sino simplemente rechazar las interpretaciones supuestamente biológicas que nos equiparan con los animales, o a ellos con nosotros, en situación de supuesta igualdad, y que sirven de soporte a las ideas animalistas que en la actualidad nos invaden y que suponen un verdadero problema para las especies a las que pretenden proteger: relegan a segundo plano o incluso hacen caer en el descrédito a aquéllos que trabajamos por una sociedad cuyo nivel cultural y sensibilidad humanice el trato con los animales, sin equipararlos con nosotros mismos.

El llamado "Proyecto Gran simio" llegó al extremo de tratar de adjudicar a los antropoides derechos similares a los humanos. Las consecuencias han sido nefastas para los pobres grandes primates; muchos posibles mecenas y otros tantos divulgadores se han apartado del tema temiendo que la exageración planteada por "Gran simio" les haga caer en ridículo.

Compleja y convulsa mezcla de temas

La mezcla de asuntos tan diferentes como la adopción de animales domésticos abandonados, la alimentación vegana, la petición del cierre de los zoos, la prohibición de los circos con animales o el asalto a las Plazas de Toros, por no citar sino algunos de los emblemas de los partidos agrupados en el llamado "animalismo" ha conseguido en España muchos votos, más de doscientos mil, remitiéndonos a las pasadas elecciones, pero cabe preguntarse si muchos votantes estaban suficientemente informados sobre las consecuencias que podría acarrear la aplicación estricta de postulados tan radicales.

El veganismo, por ejemplo, puede ser una opción individual tan respetable como cualquier otra, pero los gobernantes tienen la obligación de proveer de alimentos a la totalidad de la población y no sólo a una élite escrupulosa.

Alimentarse sólo con plantas presenta entre otras la objeción de que es necesaria una amplia variedad de productos vegetales para ingerir la necesaria diversidad de aminoácidos, entre ellos los llamados esenciales que abundan en las proteínas de origen animal pero que se encuentran en los vegetales ampliamente repartidos.

Nuestras abuelas tenían gran intuición cuando elaboraban exquisitos "empedrados" de judías y arroz cuando aún no se conocía que gramíneas y leguminosas suman la deseable variedad de aminoácidos necesarios para formar las proteínas animales. Ambas familias de plantas son deficitarias en ellas ingeridas por separado.

Muchas personas que cuidan con cariño a sus mascotas y que serían incapaces de hacer daño a los animales desearían poder seguir llevando a sus nietos al Zoo para que se impregnen allí de la más eficaz de las lecciones de educación ambiental, o se horrorizarían si supieran que muy recientemente en México la fiebre animalista anticirco conduce directos al matadero a los maravillosos caballos y otros animales que están siendo expulsados de las pistas.

Con respecto a la relación entre los humanos y los animales más próximos a su entorno las cosas poco a poco van mejorando o al menos la legislación va estrechando el cerco a los bárbaros y a los inconscientes, por no decir a los delincuentes que saltan sobre indefensos cerditos para grabar su "hazaña" y difundirla en las redes sociales, como recientemente ha sucedido.

Hemos avanzado mucho en las dos últimas décadas y estamos a punto de conseguir que se imponga el sacrificio cero de los animales recogidos en las instalaciones oficiales, pero mucho cuidado con los radicalismos, las exageraciones y las humanizaciones que podrían volver en contra la opinión general y hacer retroceder la causa de la defensa de los animales.

Y por mucho que le cuenten sobre similitudes de ADN, aféitese con tranquilidad. Usted no es la mosca del vinagre

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