El gran reciclador

Miguel del Pino

Según noticias recientes, el Quebrantahuesos vuelve a reproducirse e España en enclaves donde se había extinguido y ha sido reintroducido. No todo son malas noticias en lo que se refiere a la Naturaleza.

Ejemplares pirenaicos han llegado a criar en Picos de Europa, pero también se presenta con optimismo la reintroducción en otras zonas montañosas ibéricas, como las Sierras andaluzas de Cazorla. Por verdadero milagro no hemos perdido en nuestros cielos la silueta del imponente "buitre-águila", como también suele ser conocido el Quebrantahuesos -Gypaetus barbatus-

A pesar de que en pleno vuelo este necrófago pueda presentar similitudes entre buitres y grandes rapaces diurnas, el Quebrantahuesos es un verdadero buitre; una de las cuatro especies que habitualmente se encuentran en nuestra península: el buitre leonado, el negro y el alimoche completan la dotación de estos carroñeros ibéricos, aunque a veces la relación se incrementa temporalmente por la visita esporádica de algún ejemplar de especies africanas, como el ocasional buitre torgo.

Recuerdo una entrevista que tuve ocasión de hacer el año 1969 al guarda forestal que vigilaba uno de los escasos nidos de Quebrantahuesos que entonces sobrevivían en el Pirineo. Su enclave de observación estaba muy próximo al bellísimo Claustro de San Juan de la Peña, y año tras año se esforzaba por evitar que el nido fuera expoliado por los coleccionistas de huevos que acudían de diferentes países de Europa con tan absurdas intenciones.

A pesar de los coleccionistas, el veneno y los burócratas, la capacidad de resistencia del "buitre-águila" se impuso a las oleadas de agresiones que amenazaban su existencia y hoy planea no sólo sobre el Pirineo, sino también sobre los otros enclaves ibéricos que ya hemos mencionado.

Para conseguir el objetivo de salvar esta especie ha sido necesario recurrir a diversos métodos, entre los que se encuentra la crianza de pollos que no hubieran podido salir adelante en el medio natural.

Una curiosa técnica se basa en alimentar a los pollos mediante una gran jeringa embutida en un guante que simula la cabeza de los padres. Se evita así que se impregnen del contacto humano, para que una vez criados se puedan liberar en la naturaleza.

Desde el punto de vista funcional, el Quebrantahuesos supone el mejor ejemplo que nos ofrece el mundo animal en cuanto a aprovechamiento total de los recursos; este especializado buitre se alimenta de la nutritiva médula encerrada en las carcasas del ganado ya devorado por otros predadores: un tesoro de difícil acceso para garras, picos o dientes.

Tampoco el pico de esta especie podría romper las duras carcasas, pero consigue el tesoro de su interior gracias a una modalidad insólita de comportamiento: sobrevuela a gran altura una peña determinada, siempre la misma, portando los huesos en sus garras y los deja caer de manera que se fracturan y descubren la médula alimenticia.

La peña elegida para la operación se conoce como "rompedero", y en su entorno se acumulan los restos del festín en que se apuran los últimos restos del cadáver que cumple así la función de reciclar toda su materia después de la muerte.

Hemos llamado en nuestro titular "gran reciclador" al quebrantahuesos, y es que verdaderamente resulta asombrosa la especialización de esta gran ave carroñera y su capacidad para acceder a un recurso alimentario exclusivo al que no pueden llegar otros posibles competidores.

Ecológicamente está clara la función del ave y su importancia en la cadena trófica, pero desde el punto de vista evolutivo su comportamiento resulta asombroso. Seguramente se ha ido troquelando a lo largo del tiempo a partir de ejemplares de buitre que fueron tirando las carroñas sobre piedras cada vez a mayor altura.

Pocos animales son capaces de alimentarse de una manera tan aparentemente inteligente, en realidad gracias a un comportamiento evolutivo tan admirable.

Pero el quebrantahuesos no es el único buitre capaz de hacer cosas extraordinarias. Félix Rodríguez de la Fuente tituló "El buitre sabio" uno de los capítulos de su serie El hombre y la Tierra, el dedicado al alimoche, un pequeño buitre ibérico claramente distinguible de las demás especies, por su tamaño más pequeño y por el color casi blanco de los adultos.

El alimoche rompe huevos de los nidos que encuentra tirando piedras sobre ellos, piedras que parece seleccionar cuidadosamente para que su tamaño y peso sean proporcionales a la resistencia de la cáscara sobre la que actúan. Los alimoches que pasan un tiempo en el sur del continente africano llegan a fracturar huevos de avestruz, portando en su pico piedras de notable tamaño.

La conducta animal puede llegar a ser realmente asombrosa, y los dos buitres que traemos hoy a nuestro comentario son buen ejemplo de ello. El veneno que se sigue colocando en nuestros campos es hoy el principal enemigo de ambas especies, pero parece ser que por esta vez los esfuerzos de tantos científicos y naturalistas están logrando evitar la extinción de estas maravillas aladas.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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