El día de la jirafa

Miguel del Pino

Vamos a recordar este domingo esta celebración a riesgo de que algún lector pueda pensar de son demasiados los "días de…" en relación con la naturaleza y sus criaturas. En esta ocasión el "día mundial de la jirafa" coincide con la llegada del solsticio veraniego.

La jirafa, con sus nueve subespecies, todas del continente africano, es uno de esos animales que gozan de especial carisma y que despiertan las simpatías de nuestra especie, al menos en lo que se refiere al hombre urbano. En la aureola que envuelve a la jirafa destaca su bella mirada, con enormes ojos bordeados por largas pestañas, también su aspecto desgarbado y grandullón. En realidad se trata de una de las especies mejor adaptadas a su medio: la sabana y la estepa arbustiva del este de África.

No hace falta aclarar que la jirafa es un gigante entre el mundo de los mamíferos terrestres. Un ejemplar adulto alcanza los seis metros de altura, con un cuello periscópico de dos metros. Nacen con sesenta kilos, y al cabo de un año suelen ya alcanzar los trescientos.

Con estas dimensiones y sobre todo con su elevada estatura, la jirafa puede alcanzar las suculentas hojas del arbolado de la sabana y la estepa arbustiva, allí donde no llega ningún otro herbívoro. Por otra parte se constituyen en atalaya de vigilancia sobre los merodeadores carnívoros, como las leonas, avisando con su espantada del peligro a otros vegetarianos.

A pesar de lo familiares que resultan las jirafas, sobre todo por los documentales y los ejemplares de los zoológicos, la población silvestre de las diferentes subespecies ha disminuido de manera drástica en las últimas décadas. Según datos GCF (Fundación para el control de la jirafa), de 140.000 ejemplares vivientes en el continente africano en 1998, la población se ha reducido a 80.000 en estos momentos, englobando la cifra final a los miembros de todas las razas.

Como suele suceder en casos similares, las causas de la disminución son varias: fragmentación de los territorios por avance de las construcciones humanas, caza furtiva, conflictos bélicos y aislamiento de poblaciones por las discontinuidades aparecidas en sus territorios, éstas figuran entre las principales razones de que cada vez haya menos jirafas.

Una de las subespecies más amenazadas es la Jirafa de Rothschild, algunos de cuyos ejemplares en zoológicos figuran entre la fauna africana del Zoo Acuarium de Madrid, que celebró por tanto este "Día mundial" en el pasado solsticio de verano. Esta subespecie, llamada también "jirafa de cinco cuernos" a casa de sus abultamientos frontales complementarios de los verdaderos salientes óseos, cuenta con un total de 1.100 ejemplares en libertad y 450 en los zoológicos.

Las jirafas de esta subespecie gozan de su libertad africana en Parques Nacionales de Uganda y Kenia. La coordinación de los programas de reproducción en los Zoos completa la labor de lucha contra la extinción de las mismas.

Madrid cuenta con dos hembras reproductoras llamadas Mica y Tatú, y con un macho semental. Tatú ha sido madre de dos hembritas, Malawi, en 2012, y Kenya, en 2014. Tatú ha dado a luz a Masai, con lo que el funcionamiento del grupo de crianza puede calificarse de excelente.

Afortunadamente parece superada la época de los movimientos "anti zoo" que tuvimos que superar en los ya lejanos años 80. Por si no fuera poco la labor de educación ambiental que figura en la actualidad entre una de las prioridades del funcionamiento de estas instituciones, los programas de crianza coordinada entre distintos zoos, han venido a darles funciones de modernas "arcas de Noé". Muchas especies deben al moderno Zoológico su garantía de conservación, la jirafa de Rothschild entre ellas.

Casi siempre que las organizaciones conservacionistas internacionales eligen una especie animal como símbolo o como objeto de una campaña de concienciación, sus programas no se refieren sólo a la especie concreta, sino al conjunto del hábitat en que desarrolla su existencia, y conviene recordar que éste es también el de las poblaciones humanas que lo comparten, de manera que los problemas que afectan al animal, suelen también atentar contra nuestra propia especie. La amenaza sobre una especie determinada suele indicar que algo no funciona bien en la generalidad del ecosistema.

Consideramos por lo tanto con interés todas las fechas recordatorio de que algo va mal en determinados ecosistemas. Verdaderamente parece increíble que vayamos a legar a las generaciones venideras un planeta sin tigres, sin jirafas o sin elefantes, pero la disminución vertiginosa de las poblaciones de algunas de estas especies tan familiares para nosotros parece pronosticar este futuro.

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