El arca de los monos

Miguel del Pino

En un lugar de la Comunidad de Madrid, cuya localización no quieren divulgar sus mentores, se encuentra un centro de rescate y protección de primates amenazado por la falta de fondos. Ni es la primera vez que una noticia de este tipo salta a la actualidad periodística ni, posiblemente, será la última.

"O un mono que hace reír o una gacela que hace llorar". (Proverbio árabe)

Opinan los psicólogos que a la vista de las actividades y muecas diversas que pueden hacer los monos cautivos nos enfrentamos a algo parecido al reflejo de nuestra imagen en un espejo deformante, y casi todos los humanos toman a risa esta especie de caricatura zoológica del hombre. A partir de aquí las más diversas especies de simios han sido objeto de captura, tráfico, exhibición y finalmente muerte en circos, zoológicos del pasado o colecciones de particulares.

Fotógrafos con crías de chimpancé eran frecuentes en playas y calles de recorrido turístico en casi todas las costas españolas, la vieja Casa de Fieras del Retiro madrileño tuvo que hacerse cargo de numerosos ejemplares que ya no podían ser mantenidos en las casas, como uno perteneciente a un famoso jugador de fútbol al que el público, como gracia, daba cigarros encendidos que el pobre mono fumaba con entusiasmo. Desintoxicarlo de su adicción fue una de las primeras tareas que se emprendieron para su rehabilitación cuando pasó al recién nacido Zoo de la Casa de Campo.

Para los traficantes ignorantes y sin escrúpulos un chimpancé de dos años es simplemente un "mono grande". En realidad nos encontramos ante una criatura en fase infantil que requiere no sólo cuidados físicos sino también psicológicos para que no se convierta en una peligrosa fiera imposible de mantener cuando llegue a la edad adulta.

Ruinas y abandonos

Los monos abandonados en nuestro país no siempre lo son porque sus dueños se hayan cansado de sus gracias: en muchas ocasiones es la ruina de quienes los explotaban, llámense pequeños circos o cómicos ambulantes la causa del desastre final. Quien no la haya vivido no puede imaginar la aventura que supone tratar de capturar a un cercopiteco abandonado encadenado en plena sierra madrileña que se mostraba terriblemente ágil y agresivo cuando tratábamos de introducirlo en un cajón salvador que lo trasladaría finalmente al Zoo. Esta vez la historia terminó felizmente y pudimos evitar sus tremendos colmillos gracias al "soborno" con pequeños trozos de plátano.

Parecida a esta odisea debió de ser la que condujo a muchos de los 133 simios que se albergan en las instalaciones de Rainfer, el espacio madrileño al que hemos llamado "arca de los monos". Se trata de un especializado centro de conservación de primates que, como suele ser habitual en estos casos, depende del altruismo de su fundador, Santiago Bustelo, y de su familia y unos pocos cuidadores. No tengo el gusto de conocer personalmente a estas personas, sólo me hago eco de lo publicado en la prensa, pero su dedicación y las dificultades que atraviesa la institución bien merecen una llamada de alerta ante el riesgo acuciante de que Rainfer termine en la ruina.

El centro nació en 1995, y desde entonces ha resuelto a la Administración el problema de la pérdida de imagen que hubiera supuesto el sacrificio de animales como los inteligentes primates. La mayor parte de ellos, incluso los chimpancés o el único orangután que alberga la institución, son irrecuperables para la vida social, como la que se trata de proporcionarles en los zoológicos modernos donde son alojados en grupos y en instalaciones que nada tienen que ver con las "casas de los horrores" donde algunos vivieron muchos años.

Desde el punto de vista administrativo los animales decomisados son propiedad del estado, y esta es la situación del 80% de los huéspedes de Rainfer, pero la contribución oficial a su manutención parece insuficiente para los delicados tratamientos y dietas de estos sensibles simios, sin contar los gastos de climatización de sus instalaciones en el invierno.

Buscando soluciones

No vamos a caer en el tópico de relatar o imaginar la cadena de horrores o los maltratos que hayan podido sufrir los monos de esta especializada arca, aunque por su comportamiento parece que han aprendido a recelar del ser humano. Ante la amenaza de desahucio y sacrificio global es necesaria una llamada a la sensibilidad y también a la inteligencia, para tratar de buscar soluciones.

Cuando estamos a punto de conseguir el sacrificio cero de perros y gatos en el refugio de la Comunidad de Madrid resulta paradójico que no se pueda encontrar una solución para estos desheredados del mundo animal. Hasta el momento se ha mantenido oculta la localización y la actividad de Rainfer, pero quizá la mejor salida sea buscar un proyecto de educación ambiental que permita las visitas escolares, no como lo harían a un zoológico, sino como lección sobre las consecuencias funestas de algo que no debería repetirse, el horror del tráfico de especies.

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