Ecologismo del bueno

Miguel del Pino

Me remonto al principios de los años 80 cuando ejercía mi labor de Catedrático de Ciencias Naturales del Instituto Eijo y Garay de Madrid, en el "Alto de Extremadura"; en su proximidad se encuentra la zona de Campamento, antaño terrenos militares y por tanto a salvo de la construcción y del exceso de visitantes. En la actualidad, la especial conservación derivada de los años de este uso ha formado un enclave de gran valor ecológico, en el que viven animales tan insospechados como el meloncillo, la única mangosta europea.

En los años ochenta a que nos remontamos, un entusiasta grupo de muchachos de fuerte vocación naturalista, algunos de ellos alumnos del Instituto, se formaron en el amor a la naturaleza gracias a su contacto con este enclave.

Citaré entre quienes fueron mis alumnos a los hermanos Carlos y Joaquín de Prada: Carlos, Premio Nacional de Medio Ambiente y "Global 500"; Joaquín, por su parte, no tuvo inconveniente en trasladarse a la zona de la Guerra del Golfo para lavar aves petroleadas, y estamos hablando prácticamente de adolescentes.

Del "Grupo de Campamento" surgieron figuras del ecologismo español como Juan Carlos del Olmo, en la actualidad Secretario General de WWF España, Luis Miguel Domínguez, conocido divulgador con presencia constante en Televisión y Radio, Ángel Febrero, tan entusiasta naturalista como extraordinario pintor y escultor, y tantos otros a quienes recuerdo con afecto entrañable.

El entusiasmo de esta corriente juvenil cuyos miembros fueron conocidos como "naturalistas" les empujaba a acciones tan encomiables como dedicar sus vacaciones a la observación y vigilancia constante por turnos de los nidos de aves en peligro de extinción que en aquella época sufrían el expolio continuado de los coleccionistas y traficantes.

Aunque hoy nos parezca increíble, visitaba entonces nuestros montes buen número de vehículos todoterreno procedentes de diferentes países europeos, muchos de ellos equipados con verdaderas incubadoras en las que instalaban los productos de sus robos en nuestros nidos. No sólo se llevaban los pollos, sino también los huevos que se pagaban a precio de oro en el absurdo mercado del coleccionismo de estos reservorios de vida.

La Guardia Civil recibía los listados de matrículas de los expoliadores controlados por estos muchachos y es posible que algunas de nuestras especies de rapaces se salvara de la extinción o al menos pasara este peligroso momento sin demasiadas pérdidas gracias el entusiasmo de los adolescentes naturalistas.

Recuerdo perfectamente el entusiasmo con que algunos de ellos, encabezados por los hermanos de Prada, me contaron en mi despacho de profesor cómo iban a organizar un Centro de Recuperación de animales heridos gracias a que el padre de un compañero, poseedor de un pequeño hotelito con patio les dejaba un rincón para instalar sus modestísimos equipos de salvamento.

Ese fue el germen de GREFA, siglas del Grupo de Recuperación de Especies de la Fauna Autóctona: en aquellos momentos la iniciativa era pionera y casi utópica, hoy son numerosos los centros de este tipo repartidos por toda España y financiados por las diferentes Comunidades autonómicas.

En lo que se refiere a Madrid, GREFA se encuentra en la actualidad en una colina de Majadahonda próxima a la estación del ferrocarril de cercanías, y es una institución modélica que trata de salvar animales pertenecientes a especies en peligro que han sufrido accidentes o agresiones. El objetivo principal de esta colaboración entre científicos –veterinarios y biólogos- y naturalistas aficionados, es tratar de recuperarlos para que puedan ser devueltos a la naturaleza.

Muchos son irrecuperables para este fin, pero pueden incorporarse a programas de cría en cautividad o al menos servir para la educación ambiental al ser contemplados por los numerosos visitantes que participan en los programa divulgativos desarrollados por GREFA, muchos de los cuales se implican de diversas formas en las tareas de la institución, por ejemplo apadrinando algún animal en proceso de recuperación. .

Se acaban de publicar los resultados de estas campañas del año 2016: 12.000 personas disfrutaron de las visitas didácticas organizadas: 9.000 de ellas eran escolares, des enseñanza primaria, el 71% y de secundaria, 22%. También acudieron familias completas y organizaciones sociales. Sin duda, un éxito completo.

También se desarrollan en GREFA campañas concretas como la reproducción integral del Galápago europeo, una de las dos especies de tortugas acuáticas autóctonas españolas, en peligro de extinción por la competencia que suponen las tortugas domésticas liberadas por quienes las adquirieron cuando eran muy pequeñas y no conocían el tamaño y la voracidad que podían adquirir una vez adultas.

Nuestra cordial felicitación a GREFA y nuestro entrañable recuerdo para aquellos adolescentes que cargados de entusiasmo demostraron que se pueden conseguir grandes objetivos a base de trabajo y de vocación. El ejemplo de Félix Rodríguez de la Fuente estaba muy próximo y no cabe duda de que intervino de manera decisiva en la formación de este movimiento

Cuando en el momento actual, en que el animalismo radical y el falso ecologismo politizado se mezclan frecuentemente con el verdadero ecologismo científico altruista y hasta romántico, no puedo dejar de contemplar con tristeza cómo algunos generalizan con el término "ecolojeta" a todos los implicados en la defensa de la naturaleza. Algunos ecologistas son de lo mejor de nuestra sociedad; otros, los mercenarios y los violentos obcecados, representan precisamente todo lo contrario.

Un fuerte abrazo a mis exalumnos y amigos de aquellos tiempos, más naturalistas que ecologistas.

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