Diez animales perseguidos por su aspecto "diabólico"

Miguel del Pino

No es la primera vez que nos referimos a la desgracia que supone para una especie animal verse mezclada con supersticiones o leyendas; en muchas ocasiones una criatura, generalmente de hábitos nocturnos, es asimilada con el mismísimo demonio.

Traemos hoy a esta sección una relación de infelices "proscritos" perseguidos a muerte por su aspecto poco agraciado según el criterio estético humano. Muchas de estas especies han llegado a estar en peligro de extinción por culpa de supercherías, tanto más absurdas cuando muchos de ellos son realmente útiles para nosotros.

  • El Aye Aye de Madagascar. Hay que reconocer su aspecto insólito y si se quiere fantasmagórico, producido sobre todos por sus extraños ojos oblicuos y sus larguísimos dedos con cuyas uñas extrae de las rendijas de las cortezas de los árboles larvas e insectos que son la base de su dieta.
  • El lémur, también de Madagascar, que es el verdadero reino de estos prosimios, todos arborícolas. Sus grandes y brillantes ojos no son sino una adaptación a la visión nocturna, y la fijeza de su mirada produce terror a los nativos supersticiosos. Desde el punto de vista zoológico son interesantísimos primates, es decir pertenecen a nuestro propio orden animal.
  • La lechuza común. Deberíamos rendirle homenaje de agradecimiento por su ingente labor de consumidora de roedores, pero su costumbre de anidar y refugiarse en los cementerios se une a su vuelo silencioso, a su plumaje blanco y a su grito ululante para que la imaginación de muchos habitantes del medio rural la tenga asimilada frecuentemente con la imagen de un fantasma.
  • Los murciélagos. En este caso no hace falta explicar que es la asimilación de su silueta voladora con los míticos vampiros imaginados por la novela de Bram Stoker, y tan explotados en el cine, la causa del terror que suelen inspirar. En realidad los verdaderos vampiros no existen en Europa y la mayor parte de los grandes murciélagos comen fruta. Las especies de nuestra fauna son eficaces cazadores de insectos.
  • El gato negro. El llamado "gato romano" o común se presenta con numerosos colores en su pelaje y entre tal gama no falta el negro. Un gato negro es un animal realmente precioso, sea ámbar o verde el color de sus ojos, pero, desde la remota Edad Media ha sido frecuentemente considerado como la personificación del diablo, de manera que muchos de ellos han sido arrojados a la hoguera, a veces acompañando en este horrible final a las desdichadas mujeres acusadas de brujería.
  • La cabra, y sobre todo el macho cabrío de luengas barbas, han representado en muchos pueblos de la Europa medieval la figura del demonio; no se ha reparado en la utilidad de este ganado a la hora de sacrificar ritualmente muchos ejemplares. La famosa cabra que se arrojaba por el campanario de un pueblo castellano, según la costumbre que tanto trabajo costó erradicar, sufría la defenestración en nombre del mismísimo Satanás.
  • Las hienas, tanto la manchada como la rayada. Según la superstición, muy extendida, la posición inclinada de su grupa se debería a que tienen que soportar el peso del diablo cuando éste las cabalga.
  • Las libélulas del suborden Zigopteros, que presentan el abdomen inclinado hacia abajo. La leyenda es similar a la que afecta a las hienas e incluso motiva su nombre común de "caballitos del diablo".
  • La "mariposa calavera", llamada así por el dibujo que luce en su tórax en el que parece fácil intuir el diseño de la calavera humana. En este caso hay que reconocer que el azar ha conseguido una representación gráfica verdaderamente fidedigna de la imagen de la muerte.
  • Y para terminar, los buitres. Entre los de nuestra fauna presenta un aspecto particularmente lúgubre el llamado buitre negro, que es por cierto el ave de mayor envergadura de nuestra fauna. La divulgación de su utilidad como sanitario de los campos al consumir y eliminar las carroñas va consiguiendo imponer sus méritos en este sentido sobre el desagrado que antaño producían su aspecto y su presencia constante junto a cadáveres y carroñas.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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