Determinación sexual humana. Que hable la biología

Miguel del Pino

Habrá que estudiar con detenimiento la noticia que ha aparecido en referencia a un profesor de biología expedientado por afirmar ante sus alumnos que solo hay dos sexos en la especie humana.

El concepto de distribución sexual designa el modelo espacial y temporal según el cual las formas sexuales masculina y femenina se distribuyen dentro de una especie de organismos.

La determinación sexual, es decir el mecanismo por el que un individuo se desarrolla como macho o como hembra, depende de diversos procedimientos biológicos, algunos verdaderamente curiosos. Entre la gran diversidad de ejemplos destaquemos por su curiosidad el de los gusanos marinos del grupo de los Echiuroideos: sus embriones se forman asexuados y se convierten en machos si son rociados por una hormona producida por la madre.

En algunos grupos animales el individuo nace provisto de ambas glándulas reproductoras, lo que se denomina hermafroditismo; la otra posibilidad es el nacimiento con separación de sexos, existiendo machos y hembras desde el momento de la formación de su embrión, es decir, viene determinada por los propios gametos que se fusionan en el proceso de fecundación.

El hermafroditismo admite también diferentes posibilidades; el individuo podrá funcionar de manera masculina o femenina según las circunstancias o las épocas, o bien de forma simultánea hasta el punto de ser capaz de autofecundarse, aunque esta sea una posibilidad aberrante, ya que lo que persigue la sexualidad es precisamente el intercambio de genes entre distintos individuos, evitándose así la degeneración por consanguinidad.

Un hermafrodita puede desarrollar uno u otro sexo en función de su edad: cuando pida una dorada a la plancha en el plato del día y le sirvan un pez diminuto puede estar seguro de que se trata de un macho, ya que tanto este pez como otros muchos de su familia son masculinos sus primeros tres años y solo desarrollan su parte femenina al superar la difícil prueba de sobrevivir hasta tal edad, avanzado para su especie. También existen en la escala animal ejemplos en sentido contrario, con maduración inicial de la fase femenina.

Determinación cromosómica del sexo

Para no perdernos en una casuística interminable, vamos directamente al ejemplo humano: el sexo en nuestra especie viene definido por un par de cromosomas especiales llamados hetero-cromosomas o cromosomas sexuales que se diferencian de los restantes 22 cromosomas y se conocen por las letras mayúsculas X e Y.

Para ver al microscopio estos cromosomas basta realizar un cultivo celular y tratar en núcleo con determinados agentes químicos como la colchicina que aumenta el grosor cromosómico; aplastando después las células y fotografiando las imágenes se pueden ver perfectamente todos los cromosomas y distinguir perfectamente el par formado por X e Y. Este estudio, realista y gráfico, se denomina Cariotipo.

Hablemos ahora de probabilidades: el cromosoma Y es el responsable genético de los caracteres de masculinidad. En el cariotipo masculino aparece el par X Y, y en el femenino el par X X.

Todas y cada una de las células de un ser humano masculino llevan en sus núcleos, es decir en su mismísimo corazón genético el cromosoma Y, y al formar un hombre sus gametos, repartiendo su par X Y entre ellos formará dos tipos de espermatozoides: X e Y.

De manera homóloga todo ser humano genéticamente femenino lleva en los núcleos de sus células dos cromosomas X. La mujer es XX, el hombre XY.

Basta realizar el elemental cruce de posibilidades: XX por XY para obtener los individuos 1-3 XX, 1-4 XY, 2-3 XX y finalmente 2-4 XY. En definitiva 50 por ciento de posibilidades de concepción de un niño o una niña.

La aplastante conclusión es que la determinación del sexo de un individuo de nuestra especie se produce en el instante de la fecundación, que si se realiza por un espermatozoide Y producirá un varón, o una hembra si fecunda un espermatozoide X.

En definitiva el sexo no es un "constructo social".

Un profesor de biología que desarrolle su trabajo a nivel de la llamada Enseñanza Secundaria tiene la obligación de explicar estos conceptos de manera bien clara y sin dejarse influir por modas como las que pretenden reconocer una multiplicidad sexual que confunde la biología pura con disciplinas como la sociología, la política, la ideología o la propia ignorancia en estado puro: aunque le expedienten, al menos ya no existe la hoguera para los disidentes de la barbaridad políticamente correcta.

Volviendo al terreno de lo biológico, es la carga genética de los cromosomas sexuales quien informará a los tejidos embrionarios sobre la formación de gónadas masculinas (testículos), o femeninas (ovarios), con el consiguiente desarrollo de los órganos sexuales del recién nacido.

Las gónadas son glándulas mixtas que tienen una doble función consistente en la producción de gametos (cuando son adultas) y de hormonas, masculinas o femeninas que determinarán, al llegar a la pubertad, el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios que todos conocemos.

El tema de las hormonas y de los cambios que su inyección puede provocar tanto en el terreno morfológico y fisiológico como en el psicológico requiere un tratamiento muy delicado. Como no puede ser de otra forma los suplementos hormonales requieren control médico ya que existen una serie de aspectos clínicos relacionados con ellos, como las hipertrofias prostáticas, la relación grasa músculo o el funcionamiento cardiaco.

Tratar hormonalmente a adolescentes que atraviesan las crisis de duda e inmadurez propias de su edad es particularmente delicado y si es con desprecio a la tutela de sus padres, ignorando la estrecha colaboración entre estos y los médicos, estaremos muy próximos a una película de terror cuyo guion aún no se ha escrito, quizá por ser inimaginable hasta la aparición de los actuales lobbies construccionistas de sexos. El tema del desarrollo del comportamiento sexual en el adolescente y en el adulto es extraordinariamente complejo y pluridisciplinar, muy diferente de la pura sexualidad genética. En este sentido cabe recordar las persecuciones inhumanas sufridas por tantas personas de conducta sexual diferente a lo largo de la historia, algunas especialmente crueles, todavía muy recientes.

No cabe duda de que muchas de las concepciones sobre el sexo como "construcción social" o la multiplicidad de sexos humanos han nacido con carácter reivindicativo y se han "puesto la biología por montera" en su defensa de las distintas opciones, no de la determinación sexual, sino de la conducta o las militancias sexuales.

Queda todo esto muy lejos de la naturalidad con que en las democracias occidentales debería aceptarse la diversidad de las conductas humanas en todos los órdenes siempre que no incidan en las libertades de la colectividad. Realmente la única clasificación del ser humano que cabría realizar en la actualidad es entre "buenas personas". Es decir solidarias con los demás, y "malas personas", que habría que reservar para los egoístas e insolidarios.

Afortunadamente no vivimos en una las sociedades orientalistas teocráticas ni tampoco en las de ideología de ultraizquierda que todavía persiguen o incluso ejecutan a las personas de conducta sexual diferente; en esto, como en tantas otras cuestiones y una vez aclaradas las verdaderas bases biológicas, digamos bendita libertad.

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