De San Perrestre a San Antón

Miguel del Pino

Todavía colean los ecos despertados por la supresión de los animales en la reciente Cabalgata de Reyes de Madrid cuando se anuncian unas Fiestas de San Antón con carácter de reivindicación animalista.

Revitalizar las Fiestas de San Antón en Madrid era necesario, especialmente a lo que se refiere a la presencia de instituciones relacionadas con el mundo animal. Las noticias sobre talleres para niños, charlas, conferencias y otras actividades, especialmente dedicadas al público infantil parecen mover al optimismo, pero algunos precedentes y ciertas convocatorias mueven al menos a la duda, y es un tema que sensibiliza especialmente a quien esto escribe, ya que durante más de veinte años he tenido el honor de ser comentarista de las Vueltas en plena calle, conferenciante en la Iglesia y, en cuatro ocasiones, pregonero de las Fiestas.

Cabe esperar que los mensajes sean tan serios como desprovistos de ideología radicalista-animalista, aunque el anuncio de talleres sobre veganismo parece bastante incompatible con ese homenaje a los animales de consumo que ha impregnado desde la Edad Media el contenido de estas jornadas. A los niños convendrá decirles que la opción de una alimentación exclusivamente vegana es algo muy respetable, pero no relacionada con el contenido de esta Fiesta.

¿Habrá pictoplasmas? nos lo preguntamos porque en la Cabalgata de Reyes, donde el fundamentalismo animalista expulsó a los dromedarios, a las ocas y a todo bicho viviente, salvo los caballos de la Policía, los animales fueron sustituidos por unos seres de peluche que vertían por la pseudoboca, barbaridades contra las ilusiones infantiles, y que una vez desprovistos de su blanducho caparazón y convertidos en humanoides reiteraban su odio a las Fiestas que les proporcionaban los presuntos ingresos económicos.

Los padres, profesores y pedagogos en general debemos ponernos en guardia por si fuera necesario intervenir para paliar o neutralizar algunos de los posibles perniciosos efectos que el radicalismo animalista pudiera provocar en las mentes infantiles siempre abiertas a lo novedoso y con especial curiosidad por lo que al mundo animal se refiere.

Se anuncia la presencia del llamado "Proyecto Gran Simio", ese esperpento que pretende adjudicar a los grandes primates derechos similares a los humanos, y conviene recordar que tal planteamiento ha causado un efecto rebote demoledor para quienes, con seriedad y base científica, nos implicamos en la defensa de estos maravillosos seres, sin tratar de asimilarlos con nosotros mismos.

Los llamados "partidos animalistas" podrían contar en estos momentos con unos doscientos mil simpatizantes en España. Son suficientes como para ejercer influencia en aquellas instituciones, como el Ayuntamiento de Madrid donde grupos como Podemos se encuentran más o menos representados. Respetar tales opiniones no está reñido con objetar sobre el radicalismo de muchos de sus planteamientos y recordar algunos puntos negros de la trayectoria de algunos llamados "Frentes de liberación animal", como aquella liberación masiva de visones en una granja madrileña arruinada que supuso un serio peligro, aún no del todo atenuado, para gran número de especies de la Sierra de Guadarrama.

Mientras las circunstancias políticas favorecen el poder animalista, otras muchas personas e instituciones trabajamos para mejorar las relaciones entre el hombre y los animales de una manera mucho menos llamativa, pero verdaderamente eficaz. No hace falta igualar a los primates con los humanos para que se haya conseguido que los chimpancés, orangutanes y otros monos salgan de las pistas del circo y sean recogidos en instituciones donde, al menos, se suavizan sus condiciones de vida.

Los elefantes son los próximos llamados a ser rescatados de las exhibiciones circenses, también los felinos parecen abocados a la jubilación, pero los ataques radicales encaminados a la ausencia total de animales en los espectáculos ha enviado ya al matadero a un gran número de caballos y otras criaturas implicadas en diversos eventos, "educabilia" que diría el gran Linneo, cuya exclusión, en caso de ser aconsejable, debió gestionarse de una forma mucho más gradual e inteligente.

Y tratándose de las Fiestas de San Antón, imaginamos que no se tratará de despojarlas de su carácter religioso, o dicho de otra forma que se dejará al Señor Cura que siga bendiciendo a los animales. El Padre Villar fue durante muchos años verdadera alma de las Fiestas y de las Vueltas, y tuve el honor de estar junto a él en la tribuna, al lado del Santo, mientras su corazón se lo permitió. Otros sacerdotes no menos entusiastas continuaron su labor, y deseamos que los animales necesitados de protección sigan "acogiéndose a sagrado" en los actos que se celebran en la Iglesia.

Entidades como la Sociedad Española de Ornitología estarán presentes en las conferencias previstas, y esto resulta muy prometedor. Vamos a ver si la compañía de tantas organizaciones animalistas e incluso veganas elabora una "ensalada digerible", pero si ven un solo "pictoplasma", córranlo a gorrazos.

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