Cuando terminen de aplaudirse, pónganse a trabajar

Miguel del Pino

No sólo España, sino la mayor parte de los países de Europa que ya fuimos azotados por la primera ola de la pandemia Covid 19, coincidimos en que estamos a punto de tener que afrontar una segunda ola de la misma.

Seamos realistas y no caigamos en el desánimo; la situación actual es mucho mejor que la desastrosa de la primera ola: sabemos más sobre el virus y su terapia, aunque estos conocimientos sean todavía incompletos, nos enfrentamos a los rebrotes con mayor número de pruebas específicas preventivas y parece más difícil que sea desbordado el sistema hospitalario pero…

Los aplausos que el Gobierno se dedica a sí mismo con acompañamiento de pasillos futboleros y absoluta falta de modestia en relación con supuestos éxitos en sus negociaciones económicas con Europa, son tan necios como alarmantes. ¡No estamos para aplausos!

Y no lo estamos por la inminencia del recuerdo del desastre en la gestión de la primera ola, por mucho supuesto luto que se haya pretendido guardar con la ceremonia de la adoración al ídolo pebetero, y también por la alarmante decisión de dejar la responsabilidad prácticamente en manos de las diferentes Comunidades Autónomas.

Está claro que la difusión del virus se produce sin reconocer fronteras, no ya autonómicas, sino mundiales, y que un territorio como el español, peninsular e insular, requiere de una coordinación general para el control de cualquier brote epidémico.

Ni la toma del poder para limitar las libertades de los ciudadanos con estados de alarma como el de la fase precedente constitucionalmente discutibles, ni la dejación de funciones gubernamental delegando la práctica totalidad del trabajo en manos de los responsables autonómicos. En el término medio suele estar la virtud.

Nos jugamos mucho y no sólo desde el punto de vista sanitario, ya que si se demostrara que no existe la necesaria comunicación y cooperación entre Gobierno y Autonomías en un tema como el que nos ocupa, en el que está en juego la vida de miles de ciudadanos, la sombra del estado fallido se extendería sobre nuestro territorio y pondría en duda la viabilidad de todo nuestro sistema.

El Gobierno tiene que volver inmediatamente a ejercer funciones decisivas en la lucha contra la pandemia, esta vez de verdad, sin científicos ocultos si no públicamente conocidos y capaces de generar confianza llevando el peso de la responsabilidad y de la comunicación, y sin innecesarias y abrumadoras comparecencias televisivas del Presidente del Gobierno, que ya desgraciadamente tuvimos bastantes.

El control de los brotes

Los constantes anuncios de aparición de brotes en diversas localidades españolas se prestan al pesimismo, aunque conviene aclarar que la transparencia en la información, la realización de tests preventivos de la extensión y la práctica del método de rastreo de contactos de las personas positivas no debe producir miedo, sino por el contrario, tranquilizar: este control hubiera sido muy necesario en el desastre de la primera oleada.

El virus no ha cambiado nada: sigue siendo igual de transmisible y probablemente igual de virulento, siendo la edad más temprana de la mayoría de los atacados y la posibilidad de tratamiento y hospitalización sin retraso por desbordamiento lo que aclara que el número de fallecidos esté siendo mucho menor, pero…

Blinden de manera impermeable las residencias de ancianos. Sería imperdonable una segunda oleada de mortalidad masiva por descuido en este sector de especial riesgo y también de especial responsabilidad y emotividad. Que el Sr. Iglesias, si es o era el responsable de tales centros se aplique al contacto directo con los responsables y cuidadores porque esta vez no vamos a disculpar negligencias.

Los puntos de peligro están perfectamente identificados y todos ellos comparten como factor de riesgo el descuido o el exceso de confianza; no se trata de satanizar a ningún sector ni de la población ni del turismo, pero es necesario reprimir de inmediato los desastres del botellón o de la juerga nocturna incontrolada de una parte de los jóvenes: ponen en juego la vida de sus padres, de sus abuelos y la suya propia, porque ni mucho menos están a salvo del riesgo.

Ignoramos mucho sobre el virus. ¿Tiene razón Li-Meng Yan?

Está claro que diversas especies de murciélagos son reservorio de los coronavirus en la naturaleza, pero en caso del Sars Cov-2 quedan todavía muchos misterios por descubrir, por ejemplo la falta de conocimiento sobre la especie o especies intermediarias entre murciélagos y humanos. ¿Civetas, pangolines, murciélagos, serpientes? Lo cierto es que la ignorancia sobre las características genéticas de un salto tan brusco murciélago-hombre, no permite descartar que haya habido manipulación genética en laboratorio y que el Sars Cov-2 sea "basura de experimentación", aunque quizá nunca lleguemos a saberlo.

Mientras tanto, la viróloga china Li-Meng Yan que huyó de Hong Kong después de declarar que el virus "no procede de la naturaleza ni saltó del mercado de Wuhan" sigue en su periplo de huida perseguida por la verdad oficial china y manteniendo sus opiniones contra viento, marea, y dictaduras.

La gran esperanza sobre la inminencia de una vacuna es la opinión de los más prestigiosos virólogos en el sentido de que la naturaleza genética del Sars Cov- 2 permite la elaboración de varias formas de éstas, algunas relativamente sencillas y no necesitadas del empleo de virus vivos, siempre potencialmente problemáticos. Mientras llegan estas vacunas salvadoras es necesario aplicar el sentido común y la prudencia.

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