La evolución del zoo de la capital

Cuando Madrid tuvo Casa de Fieras

Miguel del Pino

Mayo de l972. En plenas fiestas de San Isidro se desarrolla en Madrid una imaginaria cacería que va a encontrar eco en la portada de la prensa nacional. Hipómenes y Atalanta, los castizos leones de la diosa Cibeles, que todavía no se habían aficionado al futbol, parecen mirar asombrados el paso de una hermosa jirafa: se trata de Cariñoso, el joven macho que procedente de la desmantelada Casa de Fieras del Retiro cruza la glorieta enfilando la Gran Vía, camino de la Casa de Campo. Por razones obvias fue necesario habilitar un camión especial del que sobresalía su cuello periscópico. El paseo de Cariñoso y la imaginaria nostalgia de sabana de nuestros castizos leones ofrece un excelente punto de partida para nuestras historias del Zoo.

Sin renunciar a un paseo retrospectivo por la vieja Casa de Fieras del Retiro que daremos en otro momento, recordemos que el verdadero punto de partida del Zoo de la Casa de Campo, hoy Zoo Acuarium de Madrid, viene constituido por la aprobación por parte del Ayuntamiento, el 29 de noviembre de 1967, del pliego de condiciones para la adjudicación, mediante concurso público, la construcción, conservación y explotación de un Parque Zoológico en la Casa de Campo de Madrid. El Boletín Oficial del Estado lo publicó el 25 de Abril de 1968, de manera que a partir de dicha fecha, y hasta el día 17 de Agosto del mismo año, quedaba abierta la presentación de propuestas al respecto.

La pregunta clave ¿cómo diseñar un Zoológico moderno que superara las limitaciones de las decimonónicas "Casas de Fieras"?, no tenía una respuesta sencilla en la época a que nos remontamos. La mentalidad de los años sesenta en relación con el mantenimiento de animales salvajes en cautividad tendía muy claramente a la eliminación de los barrotes, paradigma de la representación de la prisión, y trataba de evocar la libertad, esa misma libertad que la nueva generación reclamaba por todos los medios a su alcance. Planificar el nuevo Zoo no era fácil ni estaba al alcance de quien no tuviera profundos conocimientos de etología, la ciencia de la conducta animal, y también de sociología, la ciencia de la conducta del animal humano.

La opinión pública y el periodismo esperaban al nuevo Zoo y no precisamente con los brazos abiertos. La situación de los animales alojados en la Casa de Fieras del Retiro, enfocada de manera antropocéntrica y no demasiado científica ni real, había provocado el derrame de ríos de tinta. Se la acusaba de ser un centro que albergaba animales privados de libertad en verdaderas cárceles zoológicas, y de pecar de falta de higiene. Al sucesor de tal institución no se le iba a perdonar ningún fallo y la lupa de la prensa, de los intelectuales y de los proteccionistas estaba presta para observar con más exigencia que objetividad y cariño.

En este ambiente más acalorado que científico no era extraño que hubieran sido publicadas algunas ideas más próximas a la imaginación de Julio Verne que a la práctica y el rigor.

No debemos olvidar que los años sesenta y , más concretamente, el año 1967, en el que se publica el pliego de condiciones del nuevo Zoo, marca el nacimiento de la era ecologista. Cuando en dicho año el buque Torrey Canyon derramó 177.000 toneladas de petróleo sobre la costa inglesa provocando la primera "marea negra" conocida por el gran público, la Ecología, una ciencia heredera de la antigua y venerable Historia Natural, pasó a ingresar en el lenguaje de la prensa y del público general. El ecologismo, pronto convertido en instrumento al servicio del poder político, iba a revolucionar, no siempre para bien, la relación del hombre con los animales.

Un precedente digno de consideración en el terreno que nos ocupa fue el entrañable Bambi, el cervatillo creado por el novelista austriaco Fellix Salten e inmortalizado por Disney. La popularidad alcanzada por Bambi, tras cuya ternura se ocultaba un tremendo alegato contra la práctica de la caza, proporcionó eco a una obra menor de Salten, su "Historia de un Parque Zoológico", publicada en los años veinte , en la que se lamenta de la pérdida, en los animales que viven en los zoos, de esa "libertad sin límites incluida por el creador en el programa de sus instintos".

En definitiva: las Casas de Fieras no pueden soportar el nacimiento del movimiento ecologista. De hecho ya habían sido superadas por el creciente desarrollo, económico y cultural de la segunda mitad de nuestro siglo. Avanzamos hacia las nuevas instituciones zoológicas entre las que va a encuadrarse con todo merecimiento nuestro futuro Zoo de la Casa de Campo.

Amistad científica entre Barcelona y Madrid

¿Un zoológico al estilo clásico, con las necesarias mejoras, o un gran espacio abierto tipo safari para recorrerlo en vehículo observando a los animales en sensación de semilibertad. Los tiempos ecologistas que se encontraban en embrión parecían augurar mayor éxito a la segunda posibilidad; sin embargo, nuestro país contaba ya con la experiencia de un gran zoológico clásico, el de Barcelona, sin duda en aquel momento uno de los más importantes del mundo; dirigido además por un zoológo de auténtico prestigio internacional, el Dr. Antonio Jonch Cuspinera. Mirar en el espejo de Barcelona y contar con el apoyo del Dr. Jonch fue el desencadenante del nacimiento del Zoo de la Casa de Campo y el gran acierto personal de su auténtico padre y creador: el ingeniero de caminos D. Antonio Lleó de la Viña.

Entre los varios proyectos presentados, la mayor parte inspirados, al menos parcialmente en la idea de Zoo-Safari para ser recorrido en auto, al final fue aceptado el presentado por D.Antonio Lleó y D.Antonio Jonch Cuspinera, entonces director del Zoo de Barcelona y prestigioso zoólogo. En este verano del año 1968 nace, aunque de momento sólo en la imaginación de sus dos mentores, el nuevo Zoo de la Casa de Campo.

Aunque falleció sin llegar a ver concluida su obra, D.Antonio Lleó la vió nacer y crecer tal como la había planificado. Su mentalidad , de ingeniero consagrado, le permitió ver el nuevo Zoo en el tiempo y en el espacio. Supo rodearse de colaboradores geniales, como el arquitecto catalán Sr. Subirachs, recientemente fallecido, que diseñó instalaciones, como el foso de los tigres, que hoy figuran entre los modelos de estudio imprescindibles a la hora de planificar instalaciones zoológicas vanguardistas. Realmente la colaboración entre el equipo de diseño del nuevo Zoo y el personal especializado que dirigía y mantenía el de Barcelona constituyó un ejemplo no suficientemente divulgado que debe ser objeto de homenaje en estas historias conmemorativas del cumpleaños que celebramos.

D. Antonio Lleó está recordado permanentemente en en Zoo de la Casa de Campo, su obra personal y su mayor logro vocacional, en un monumento tan original como significativo: un medallón que sobresale de un impresionante canto de granito. Pétrea fue, efectivamente su voluntad para que el Zoo llegara a buen puerto. Imborrable la memoria de su ilusión, profesionalidad, esfuerzo y genialidad. Sea modesto nuestro homenaje, tal como a él le hubiera gustado.

En cuanto a D. Antonio Jonch Cuspinera, su labor al frente del Zoo de Barcelona estuvo también en línea de verdadero innovador. Sus propios escritos dan idea de su concepto de la fauna y de lo que debe ser y representar un Zoo. Sirvan de muestra estas breves líneas salidas de su pluma y procedente de su obra "La vida de los animales".

"El Parque Zoológico complementa muchos de los estudios que sobre las características animales nos proporciona la observación libre y la erudición que los Parques Naturales nos facilitan. La que podríamos llamar observación a poca distancia permite un contacto íntimo, llevándonos hasta el punto de hacernos sentir una modalidad de convivencia muy necesaria para llegar a la comprensión del animal y con ella a hacernos posible penetrar en muchos de los secretos que todavía se nos dan en gran número de circunstancias y especies".

Adiós al Retiro

Aprobado al fin el proyecto del nuevo zoológico, La Casa de Fieras del Retiro se encaminaba hacia el final de su existencia: denostada entonces, recordada hoy con el cariño que su larga historia merece.

Después del de Schönbrunn, en Viena, la Casa de Fieras del Retiro era la decana de las instituciones zoológicas europeas. Schönbrunn, inaugurado en 1752 y abierto al público en l756, fue fundado por Francisco I para exclusivo recreo de su esposa, la Emperatriz María Teresa. Fue José II, su sucesor, quien derogó la privacidad de las instalaciones y puso a disposición popular una colección zoológica que, enriquecida con especies propias de la fauna americana, pasó a constituirse en el primer zoológico europeo merecedor de de tal nombre.

El segundo en orden cronológico fue precisamente la Casa de Fieras madrileña. El Rey Carlos III, dentro del conjunto de sus acciones encaminadas al fomento de la entonces llamada Historia Natural, fundó en 1774, junto al Real Jardín Botánico, la instalación antecesora de la Casa de Fieras. La fauna hispánica, que albergó desde sus comienzos, pronto se fue enriqueciendo con animales traídos de otras partes del mundo, especialmente de América, de manera que los habitantes de Madrid debieron de encontrarse con una situación de privilegio para conocer los misterios de las especies de la fauna exótica.

Buscando precedentes aún más remotos se sabe que con anterioridad existía ya en el recinto de los Jardines del Buen Retiro una gran jaula para aves, la "pajarera", construida en torno a 1656. No nos atrevemos a calificarla de institución zoológica y por esta razón reservamos a Schönbrunn los honores del decanato.

De cualquier forma Carlos III consiguió hacer de Madrid una verdadera capital mundial de la Historia Natural. El Real Jardín Botánico ocupaba en su tiempo una extensión mucho mayor que en la actualidad, llegando hasta el Observatorio Astronómico y ocupando lo que es hoy sede del Ministerio de Agricultura; el Museo del Prado fue concebido como Real Gabinete de Historia Natural, aunque tal institución derivara hacia el actual Museo Nacional de Ciencias Naturales en el Paseo de la Castellana: un monarca verdaderamente naturalista, título que creemos más hermoso que el de "ecologista", que sin duda hoy se le adjudicaría.

Quedan muy pocos datos fidedignos sobre la primera época de la historia de la Casa de Fieras. Además no es nuestra intención rememorarla, sino dar cuenta, no sin nostalgia, de su final para entrar de lleno en las vivencias del nuevo Zoológico de la Casa de Campo.

El lunes 10 de Abril de 1972 se cerraban definitivamente las puertas del viejo Zoo del Parque del Retiro. Concluían así doscientos años de historia en cuanto se refiere a la exhibición de animales salvajes. Sin embargo es preciso reconocer que en el momento de su cierre no gozaba del favor popular. Al no haber sufrido más que muy ligeras remodelaciones en lo esencial su concepción y diseño quedaban apartados del enfoque moderno sobre lo que es un Parque Zoológico, a pesar de que algunas de sus últimas innovaciones, como la pradera africana, el foso de los papiones o, lo más vanguardista, la exhibición de los osos polares sin barrotes y separados del público por un foso, pueden considerarse como verdaderamente afortunadas.

Una docena de animales fueron los últimos en abandonar la Casa de Fieras para trasladarse al nuevo Zoo: se trató de tres chimpancés, cuatro osos pardos y uno polar, una hembra de jaguar, un leopardo, un tigre hembra y "Cariñoso", la famosa jirafa para la que fue necesario construir una jaula especial de madera de más de cinco metros de altura y provista de una abertura superior para que su largo cuello asomara dando lugar a las fotografías estrella de la aventura del traslado a que anteriormente aludíamos.

Los doce últimos inquilinos tan felizmente desahuciados constituían el retén final de los 446 animales que habían formado la población de la Casa de Fieras en el momento de su cierre. No se les aplicó tranquilizantes, como hoy sin duda se haría, con el consiguiente disgusto del veterinario Sr López Arruebo quien haciendo gala de su celo innegable advertía que "los animales han de ser tratados según los nuevos conocimientos científicos sobre el particular, pues es posible que ocurra algún tipo de inadaptación entre ellos".

Las aventuras de la captura de los animales encontraron en la prensa el adecuado eco. Cuidadores corriendo tras las cebras o los antílopes, construcción de jaulas y cajones. Madrid asistía, incrédulo aún, al final de su Casa de Fieras, un final que se venía augurando desde 1930, primera fecha en que se tiene noticia del posible traslado de la Casa de Fieras a la Casa de Campo.

A partir del citado día 12 de Abril, las verjas de la entrada de la Casa de Fieras mostraban un cartel que llenaba de ilusiones a quienes amábamos la naturaleza y a los animales: "Cerrado por traslado al nuevo Zoo". Concluyamos con él nuestra nostálgica y breve revisión quedándonos con lo mucho que tuvo de positivo y sobre todo de entrañable.

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