Bosques del mundo, carrera de destrucción

Miguel del Pino

La actualidad en torno a la Naturaleza nos conduce hoy hacia los bosques. Dos noticias muy diferentes, una magnífica, la otra desoladora, nos hacen viajar al corazón verde de África y a un bosque hasta ahora sagrado de Corea del Sur. Comencemos por la parte positiva.

La Declaración de Zanzíbar

Por primera vez en la historia africana, cuatro países han sido capaces de unirse para combatir de manera conjunta el tráfico ilegal de madera que amenaza con la destrucción del llamado "corazón verde" de África: las selvas ecuatoriales del centro y del este del continente negro.

Acaba de celebrarse en Durban el XIV Congreso Forestal Mundial, en el que se ha formulado la llamada "Declaración de Zanzíbar", por la que los cuatro grandes del este y sudeste africano; Kenia, Tanzania, Madagascar y Mozambique trabajarán de manera conjunta contra la tala ilegal. El ritmo actual es insostenible, y no sólo amenaza el medio ambiente de aquellos países, sino también su economía y su desarrollo.

Basta un solo dato para comprender la magnitud del problema. En el momento actual entre el 50 y el 90% de la madera procedente de talas en las selvas africanas se comercializa de manera ilegal, lo que supone pérdidas de millones de dólares anuales para economías muy necesitadas de fondos para atender a sus necesidades básicas. Tras la tala salvaje vienen inevitablemente el hambre, la guerra y la emigración, así de sencillo.

Algunas de las declaraciones de los líderes africanos que han intervenido en este Congreso resultan verdaderamente emocionantes, como las del Jefe del Servicio Forestal de Tanzania, Juma S. Moozo, que se refiere a la necesidad de conservar las selvas para nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos: la mirada hacia el futuro, es decir el concepto de "desarrollo duradero" suele ser propio de personas y de Pueblos que no han perdido aún su contacto con la Naturaleza.
Aclaremos que aquello tan utilizado en medios ecologistas de "desarrollo sostenible" no es sino una mala traducción del concepto que se propuso como "desarrollo duradero": no se trata de sostener nada, sino de conseguir que la explotación de la Naturaleza, como de cualquier otro bien, se limite a retirar para el consumo los intereses que produce, o mejor aún una parte de los mismos, sin mermar el capital lo que conduciría a la ruina a plazo más o menos inmediato.

Aunque deformadas y muchas veces falsificadas en su época por la filosofía del movimiento Hippy encontramos declaraciones similares en el mundo de los Pieles Rojas del Siglo XIX cuando veían acercarse el final de las manadas de bisontes de las que dependían. Parece como si el hombre urbano perdiera la conciencia sobre la limitación de los recursos naturales cuando entra en círculos de consumo que conducen a la extinción de ecosistemas o de especies.

Volviendo al "Corazón verde" africano, Mozambique, Tanzania y Zambia son los tres países más perjudicados económicamente por el tráfico ilegal de madera. Si hablamos de pérdidas anuales de nueve a diez millones de euros, puede parecernos poco en comparación con las economías de los Países desarrollados, pero estas cifras pueden ser muy elevadas en economías emergentes como las africanas.

De África a los bosques de Corea del Sur

Demos un gran salto en el espacio para trasladarnos a la localidad de Pyeonchang, en Corea del Sur. Tras una enconada competición entre ciudades próximas, la citada ha conseguido el nombramiento de Sede de la Competición de Ski de los Juegos Olímpicos de Invierno de 12018. Hasta aquí todo va bien, pero una de las primeras acciones de preparación de la construcción de las instalaciones olímpicas pasa por anular la declaración de "sagrado" que protegía hasta la fecha a un bellísimo Bosque de abedules.

Hablamos de un verdadero paraíso forestal con paisajes alucinantes dominados por los llamados Abedules wangsare, de troncos casi blancos y hojas de un delicado verdor. Fue su belleza lo que motivó su mitología y su condijo de santuario, pero ha bastado el nombramiento de sede olímpica para que su destrucción haya comenzado, y se teme que no se detenga hasta su destrucción total. La edad del bosque se calcula en unos quinientos años, y las competiciones que originan su tala durarán tan sólo cuatro días. No9 hacen falta más comentarios.

Una campaña internacional trata de reunir firmas para detener estas talas, pero la inminencia de la construcción de las instalaciones mueve al pesimismo: Pyeonchag parece haber olvidado su bellísimo "Bosque sagrado".

Mientras ocurre el desaguisado "pre-olímpico", el comité Olímpico Internacional está abogando por que las Olimpiada próximas pasen a la Historia como "Olimpiadas Verdes". El ejemplo coreano movería a la hilaridad de no tratarse de algo tan serio y a lo que estamos ya tan acostumbrados: la utilización de la Naturaleza para toda clase de lemas "verdes" que no tienen más trasfondo que el económico.

Los líderes africanos reunidos en el Congreso Mundial Forestal de Durban nos gratifican al menos con una bocanada de oxígeno, aunque por el momento sólo gocemos de sus intenciones y sus declaraciones esperanzadoras. Están llenos de sinceridad y mueven a la esperanza.

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