Biodiesel

Biocarburantes: cuando se juega al "ecologismo"

Miguel del Pino

El llamado biodiesel era considerado hasta hace muy poco como uno de los milagrosos productos llamados a disminuir el "cambio climático" por reducir la dependencia del petróleo y el carbón. La realidad se ha mostrado muy diferente a esta tesis.

Una decisión polémica de la UE

El pasado día 11, el Parlamento Europeo fijó en un 6% el límite total de agrocombustibles en la composición de los carburantes. Los europeos consumen para los motores de sus automóviles un biodiesel con incorporación de una cantidad de aceite de palma incompatible con el mantenimiento de los ecosistemas del Sudeste de Asia, que son deforestados sin cesar para el avance de estos cultivos.

Más aún: las tierras deforestadas para producir los componentes de agrocombustibles son, en muchos casos, robadas a las tradicionalmente dedicadas a cultivos para alimentación de las personas de los países del área afectada. El titular queda servido, algo así como "los motores se comen el alimento de los humanos".

Cifras insostenibles

Aunque nunca son amenas las guerras de cifras, en este caso es necesario considerarlas para poder valorar el problema. La unión Europea importó en el año 2012 6´38 millones de toneladas de aceite de palma, o lo que es lo mismo, un 40% más que en 2006. El 61% fue destinado a la fabricación de cosméticos, el 9% a la obtención de energía y calor y el 30% a su integración en el biodiesel. Estas magnitudes requieren una reflexión profunda, ya que el aceite de palma es el más dañino de los empleados en la Unión Europea desde el punto de vista ambiental.

Si los orangutanes votasen…

A veces no es sencillo interesarse por los problemas de otros seres humanos de los que nos separan grandes distancias y de los que apenas conocemos sus problemas. En el caso de los biocarburantes ya hemos indicado que el principal reino ecológico afectado por la deforestación para producirlos es el Sudeste Asiático, y muy especialmente Indonesia, tan castigada por los desastres naturales, como el último, y especialmente destructor, tsunami.

Los efectos de aquel gigantesco maremoto no habrían sido tan devastadores ni habrían causado tantas víctimas humanas de haberse mantenido, al menos en parte, el original sistema forestal costero absolutamente deforestado para el desarrollo turístico: nos referimos al manglar, un bosque litoral que durante milenios había frenado los embates de un océano efervescente de actividad volcánica y sísmica. Se trata de una de esas lecciones que el hombre desarrollado no quiere aprender.

Si se nos permite un toque más sentimental que económico, la deforestación masiva de las selvas del Sudeste Asiático está causando la lenta, pero imparable, extinción del "hombre de los bosques", el encantador y pacífico "orang-uta" en el idioma nativo, es decir, el orangután. Sin árboles no hay, ni orangutanes, ni otras muchas formas de vida, ni bienestar para la especie humana. Recordemos que las masas forestales regulan el clima, producen oxígeno y atraen las imprescindibles lluvias.

Trampa con los agrocombustibles

Si nos preguntamos cuánto contribuyen los agrocarburantes a la producción de gases de efecto invernadero, la forma de resolver el problema es bien sencilla: simplemente no se contabilizan, o al menos no se contabilizarán hasta el año 2.020. En trampas tan absurdas como ésta se han basado buena parte de las millonarias subvenciones que han recibido algunos de los sistemas alternativos para la producción de las llamadas energías renovables, para paliar con ellas el desfase en costos económicos y ambientales, mucho más elevados que los producidos por el petróleo.

Si de verdad queremos medir los efectos sobre los gases atmosféricos de la producción de aceite de palma y otros biocarburantes, vamos a contabilizar los incendios forestales en los que se basa la obtención de nuevas tierras para cultivar estos productos. Tales incendios son verdaderamente devastadores, y constituyen uno de los puntos en que se basan las protestas contra el incremento de porcentajes que viene aprobando el Parlamento Europeo.

La sombra de Al Gore

Cuando recientemente el "apóstol el clima" y relevante consumidor energético Al Gore, colmaba de descalificaciones a quienes se muestran reacios a asumir al pie de la letra sus postulados catastrofistas sobre el "Cambio Climático", volvía a proyectarse su sombra sobre un terreno que debía haberse estudiado de manera científica, sin precipitaciones ni alarmismos. Está claro que es preciso sustituir los combustibles fósiles no sólo por ser contaminantes, sino también escasos, pero hay que hacerlo sin creer en brujas ni fantasmas, y sin ofrecer soluciones, marcadas por las prisas, que en casos como el de los agrocombustibles presentan aristas envenenadas para el hombre y el ambiente.

Iniciales ilusiones

Al repostar en una gasolinera de Río de Janeiro en el Brasil de la Cumbre de la Tierra de 1992, los europeos nos sorprendíamos agradablemente ante un olor que no era el del petróleo tan familiar para nosotros, sino algo dulzón, más parecido a un batido de fruta con ron que a la gasolina. Brasil aprovechaba los ingentes restos de los cultivos y de la caña para fabricar bioalcohol, y era una solución esperanzadora para depender menos del petróleo. Cuando en Europa comenzaron a desarrollarse cultivos de colza y otras materias aptas para el consumo humano derivando su biomasa a la obtención de carburantes, no tardamos en darnos cuanta de que se trataba de una solución más bien local para aquellos países que producen grandes excedentes de biomasa vegetal, en lugar de un método general, en detrimento de nuestra propia comida.

Unas gotas de solidaridad

Si caemos en la tentación de pensar que no nos atañe a los europeos lo que ocurra en el Sudeste asiático, no sólo estaremos faltando a principios elementales de solidaridad intraespecífica, que se diría en términos ecológicos, o simplemente de humanidad, para entendernos de manera sencilla. Pero es que, además, demostraremos desconocimiento de los conceptos ecológicos que relacionan el mantenimiento de las masas forestales con el del régimen global de lluvias, y el de los muchos beneficios de todo tipo que proporciona al hombre la Biodiversidad.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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