Aviones y mosquitos

Miguel del Pino

El problema de los mosquitos y sus picaduras se ha agudizado en los últimos años en España a causa de la presencia de nuevas especies invasoras que compiten con los clásicos Culex y presentan mucho más peligro por transmitir enfermedades graves. Los aviones comunes son aliados contra ellos que deberíamos respetar.

El razonamiento no puede ser más lógico: si aumenta el peligro por los mosquitos también debería aumentar la protección a sus enemigos naturales, como las aves insectívoras, pero lamentablemente no sucede así.

Los aviones comunes (Delichon urbica) son algo más pequeños que las golondrinas, de las que son "primos hermanos". Como ellas pertenecen a la familia Hirundínidos, situada en el orden de los paseriformes, es decir, son pajarillos maravillosamente ágiles en el vuelo que se alimentan de ingentes cantidades de insectos voladores.

Los aviones forman bandadas en el vuelo, y colonias en sus lugares de nidificación, que suelen tener mayor altura que las de las golondrinas. Como ellas, cuelgan los nidos de cornisas, paredes con salientes y ventanas, ya que se han aclimatado perfectamente a vivir en nuestras ciudades aunque su origen es rupícola (acantilados y paredes de montaña).

Deberíamos agradecerles esta confianza con los humanos, sobre todo desde que especies de dípteros como los flebótomos o el mosquito tigre se extienden por nuestra geografía y multiplican así su peligro como vectores de enfermedades, pero la realidad no demuestra tal agradecimiento.

Por lo general nadie ataca directamente a los aviones en vuelo, pero el respeto a sus colonias de cría suele brillar por su ausencia: muchas son completamente borradas de las paredes en que se instalan, a veces para evitar la molestia de sus deyecciones, pero en otros casos por el simple hecho de creer que la estética de las ventanas o de las cornisas mejora al eliminar las obras de alfarería cuidadosamente elaboradas por las parejas reproductoras.

En algunos casos bastan unas obras de reparación de fachadas o de pintura de paredes para arruinar toda una colonia si estas operaciones tienen lugar durante la temporada de cría, desde primavera hasta final del verano, cuando se inicia la migración transahariana de los pajarillos. La enorme cantidad de insectos que los padres aportan a sus nidos para cebar a los pollos debería hacernos reflexionar, pero lamentablemente no es así.

Como las golondrinas y los vencejos (estos últimos parientes más lejanos), los aviones capturan los mosquitos en vuelo al permanecer con la boca abierta durante sus pasadas planeando o rasando casi el suelo, en el que a veces se posan brevemente. La gran apertura de los bordes de su pico los incluye en el grupo de los dentirrostros (los granívoros son conirrostros).

No son muchas las especies de pájaros que se aventuran a vivir en el corazón de las grandes ciudades, y el avión común es una de ellas. Tiene parientes cercanos, como el avión zapador y el avión roquero, pero conservan sus lugares de nidificación alejados del hombre y no actúan por tanto como "insecticidas urbanos".

No basta con respetar las colonias de cría, sino que sería interesante favorecer la formación de otras nuevas. Hay que señalar la gran fidelidad a sus nidos que caracteriza a las especies de esta familia, lo que permite que colonias arrasadas vuelvan a reconstruirse en poco tiempo si cesan las actuaciones agresivas por parte del hombre.

Las fumigaciones masivas que a veces se realizan en entornos urbanos, sobre todo si están en enclaves próximos a cursos de agua, son un gran enemigo de los mosquitos, peo también de sus predadores naturales, como los pájaros insectívoros, entre ellos los aviones, las golondrinas y los vencejos. A veces no hay más remedio que fumigar cuando se declara una plaga, pero tales colonias urbanas en muchas ocasiones evitan su explosión.

Los hasta hace poco muy populares gorriones nos están dando una lección a los habitantes de las grandes ciudades, donde poco a poco van siendo cada vez más escasos sin que se conozcan a fondo las razones de su decadencia. Si a la falta de gorriones unimos el exterminio de las colonias de cría de otros pájaros urbanos, como los aviones, es posible que consigamos ciudades sin las molestias que generan las aves, pero cada vez más aptas para las plagas de mosquitos y otros invertebrados poco deseables.

Después de cruzar en el otoño las barreras del mar y del tránsito hacia el sur por los bordes del Sáhara, los aviones pasarán el invierno en África Central y volverán en primavera buscando sus lugares de cría del año anterior para reconstruir sus colonias. Esperemos que regresen felizmente, y que encuentren sus lugares de nidificación lo menos deteriorados posible.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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