Atún en salsa de fraude

Miguel del Pino

La llamada "Operación Tarantelo" ha desmantelado una compleja trama de comercialización de atún en condiciones no aptas para el consumo. El Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil, SEPRONA, declara en un informe entregado al Juez que la red conseguía sus objetivos gracias a ciertos facultativos de la Administración Pública que les ayudaban a eludir los controles veterinarios.

Somos muy prudentes al comentar temas como éste hasta que la Justicia no se haya pronunciado, pero el informe del SEPRONA es demoledor y su garantía resulta incuestionable, de manera que nos enfrentamos a un asunto que rezuma gravedad y corrupción por todos sus poros.

No se trata de que no hubiera controles, sino de que los facultativos corruptos avisaban de las inspecciones dando tiempo a que se preparan muestras en perfecto estado de conservación que superaban con nota las mismas.

Las cifras son abrumadoras, ya que al parecer la trama llegaba a mover dos millones y medios de kilos de atún al año y la investigación afecta a 25 sociedades mercantiles. Ha sido el diario ABC quien ha destapado este pozo delictivo, lo que hay que agradecerle efusivamente.

Existen conversaciones telefónicas grabadas a irresponsables que se delatan como conscientes del mal estado del pescado introducido en las redes de comercialización; algunas de ellas partían de capturas furtivas en las costas italianas y maltesas, y llegaban hasta mercados internacionales; aunque no se aporten datos fidedignos al respecto, es posible que se hayan producido algunas intoxicaciones.

Tranquilicemos a la opinión pública

Ante algo tan alarmante y tan inusual es importante decir a los consumidores que lo peor ha pasado, precisamente al descubrirse la trama y cortarse sus vuelos de manera fulminante, ahora será imposible volver a falsificar documentos de trazabilidad, al menos durante bastante tiempo.

También conviene recordar que el origen de las partidas del atún en malas condiciones era ilegal, y que los mecanismos de conservación de la especie y el control de las capturas han sido bastante eficientes en los últimos años por parte de la Administración. Lo afirmamos en justicia después de haber investigado el tema en profundidad para nuestro programa "Jungla de Asfalto" en Es Radio.

El problema de las llamadas "Granjas de atún", que derivaba del almacenamiento en jaulas acuáticas en alta mar, en el Mediterráneo, para surtir los mercados japoneses de manera fluida durante toda la temporada parece haberse controlado también, de manera que la disminución de efectivos que la especie venía padeciendo en las últimas décadas por la práctica continuada de la sobrepesca se había detenido con el correspondiente optimismo de las autoridades que gestionan los recursos marítimos. No se contaba con la aparición de la corrupción de algunos funcionarios, que provocaba también la del pescado no apto para el consumo.

Comamos pues atún con confianza siempre que nuestro bolsillo nos lo permita, pues se trata de un bocado considerado como un lujo gastronómico. La carne del atún rojo es comparable en muchas condiciones organolépticas a la de los mamíferos terrestres, ya que la impresionante musculatura de este pez y al gran volumen de sangre que la alimenta justifica este parecido.

Una maravilla de la evolución en el mundo de los peces

El atún rojo, Thunnus thynnus es una de las especies más perfectas dentro de su familia, los escómbridos, que comprende otros peces muy populares e importantes para la alimentación humana, como los bonitos y las caballas, pero sin duda el rey de la adaptación a la natación perfecta es el protagonista de la "Operación Tarantelo". Un ejemplar adulto puede superar los 600 kilos, tanto como un toro de lidia.

Se trata de una especie muy difundida que pasa las estaciones frías en aguas profundas y los individuos se juntan al llegar la estación templada en grandes bancos que se dirigen a zonas costeras para reproducirse.

En su tradicional paso estacional del atlántico al Mediterráneo, los atunes rojos eran capturados desde tiempos ancestrales mediante la llamada "almadraba", consistente en la detención de los bancos por barreras de red y el arponeo manual de los ejemplares; el mar teñido de rojo por las sangre de los peces configuraba un paisaje tan característico como cruento.

Algunas localidades de la costa andaluza conservan numerosos recuerdos de la actividad de las almadrabas, incluso el nombre, como el del precioso pueblo gaditano Zahara de los atunes.

La pesca en almadraba, por impresionante que pueda resultar su carácter sangriento, jamás puso en peligro la conservación del atún rojo; otra cosa suponían las granjas de atunes que ya hemos comentado, destinadas a surtir al mercado japonés, siempre ávido consumidor de la carne de atún para elaborar sus famosos platos en crudo.

Sin llegar a suponer un peligro como el del caso que comentamos, ha habido precedentes de otras falsificaciones consistentes en teñir de rojo la carne de otros escómbridos de menor coste comercial con productos como el zumo de remolacha. No es tan grave, pero ilustra sobre lo codiciada que resulta la carne oscura del "rey de los escómbridos".

La investigación que estamos comentando se inició el año 2016 y las primeras detenciones, cerca de 80, tuvieron lugar en 2018. Especialmente doloroso tuvo que resultar para el SEPRONA la detención por presunta corrupción de un compañero, lo que, en nuestra opinión, aumenta el mérito de su trabajo.

Felicitaciones al diario ABC y al SEPRONA, y tranquilidad para los consumidores que acaban de ser liberados de una plaga de desaprensivos.

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