Ante la gran extinción de especies

Miguel del Pino

Un informe demoledor recientemente publicado por la ONU advierte del peligro que supone para la biodiversidad, y al tiempo para la humanidad, la amenaza de estar abocados a una nueva extinción masiva de especies; la sexta que sufriría nuestro planeta, pero la primera causada directamente por el hombre.

De los ocho millones de especies actualmente conocidas, y seguramente faltan todavía muchas por identificar, al menos un millón se encuentra actualmente en riesgo inminente de extinción: así de impresionantes son los datos del informe citado, que procede del IPBS (grupo científico-normativo sobre diversidad y servicios de los ecosistemas).

Amenazas y amenazados

Al hablar de especies en peligro es inevitable pensar en las más conocidas y emblemáticas, representadas en nuestro país por el lince ibérico, el águila imperial, el urogallo o el lobo, y no solamente éste el problema: muchas especies de fauna y flora apenas conocidas desaparecen sin dejar rastro a causa de la destrucción de sus hábitats.

Hay que reconocer que a lo largo de la historia la humanidad ha causado la extinción de muchas especies animales por presión directa, como el caso de la caza excesiva e incontrolada, pero es mucho mayor el daño que se deriva de la contaminación o de la transformación de ciertos ecosistemas, como los humedales o el océano.

Basta reflexionar para darnos cuenta de lo terrible que es el hecho de que perdamos diariamente centenares de especies sin que, en multitud de casos, hayamos llegado siquiera a conocerlas e identificarlas, como sucede con muchos insectos o criaturas tan poco estudiadas como los hongos microscópicos o los organismos unicelulares de plancton marino.

A efectos prácticos imaginemos lo que habría sufrido la humanidad moderna a causa de las enfermedades microbianas de no haber descubierto Fleming el fenómeno de la lucha entre microorganismos conocido como antibiosis y, en consecuencia, los antibióticos. Todos conocemos los efectos benefactores de la penicilina o la estreptomicina, pero ¿sabemos cuántos seres habremos exterminado sin saber cuáles eran los beneficios que podrían habernos proporcionado?

Queremos dejar muy claro que el mayor peligro que puede amenazar a una especie o al conjunto de ellas que forman una comunidad ecológica es que pierdan sus residencias, repetimos, por destrucción o transformación antrópica de los ecosistemas. Desde el siglo XVIII la llamada "revolución industrial" ha acelerado de forma exponencial la perdida de especies vivientes.

Cuando se deteriora un ecosistema, puede llegar a producirse la extinción masiva de todas o de gran parte de las especies que forman su comunidad biológica: la naturaleza se muestra muy resistente a la hora de sobrevivir a desastres naturales, pero es mucho más frágil cuando intenta recuperarse de los ataques antrópicos, como la contaminación o la tala masiva de bosques.

Los ataques a los ecosistemas forestales amenazan de forma especialmente intensa a la flora y fauna de los países tropicales, pero no hay que olvidar que las causas de los mismos proceden casi siempre de la demanda de productos derivados del bosque por parte de los llamados "desarrollados". El creciente consumo de aceite de palma en Europa y Norteamérica, que causa la tala masiva de las masas forestales de Indonesia, podría proporcionarnos un buen ejemplo.

Las floras de Indonesia, Amazonia y Madagascar están siendo especialmente devastadas por la tala de sus bosques, pero los nuestros tampoco están a salvo, en este caso por la contaminación debida a los humos de las centrales térmicas. Hace décadas llegaron noticias alarmantes sobre el deterioro, por contaminación ambiental, que amenazaba al macizo germánico de la Selva Negra, de manera que ni el corazón de la vieja Europa está a salvo de las amenazas ambientales.

Los humedales del planeta también se encuentran en peligro crítico, a pesar de que a partir del año 1982 en que se estableció el Convenio de Ramsar para protegerlos cambió la concepción científica y política sobre estos ecosistemas, que son los de mayor productividad biológica del planeta, y que desde la antigüedad venían siendo desecados en función del miedo al paludismo.

Si los humedales son los ecosistemas más productivos, las selvas tropicales son los de mayor biodiversidad; y ya sabemos cómo tal riqueza en especies se va perdiendo día a día, con el desastre que supone que la humanidad se pueda ver privada de los recursos que tales masas botánicas podrían proporcionarnos.

Los más amenazados

En algunos casos ciertos grupos animales o vegetales saltan a la popularidad por la publicación del peligro sobre ellos que han detectado los científicos: es el caso de los anfibios que tienen más del cuarenta por ciento de sus especies en situación de amenaza; el causante de las mortalidades masivas que vienen sufriendo sus poblaciones se debe al ataque de un hongo, pero dado que sus defensas se pueden haber debilitado de forma masiva debido a la contaminación del agua, es imposible que nuestra mano no se encuentre tampoco en este caso exenta de culpabilidad.

El treinta y tres por ciento de los corales marinos está también seriamente amenazado, en este caso por los cambios en la temperatura del mar y la contaminación de los océanos tropicales, y especialmente importante para nuestros intereses es el fenómeno mundial del despoblamiento de las colmenas: sin abejas podría comprometerse hasta la propia supervivencia de nuestra especie, dadas las catastróficas consecuencias que tendría la detención de la polinización debida a su trabajo para la agricultura y en definitiva para la producción de alimentos.

Las extinciones precedentes

A lo largo de los estudios sobre la historia de nuestro planeta se han podido detectar hasta cinco extinciones masivas de especies e incluso de grupos completos de plantas y animales que se han superpuesto bruscamente al fenómeno de la evolución. Todas ellas se han debido a causas naturales, como el desplazamiento de las masas continentales o el choque de la tierra con meteoritos.

La ciencia admite hoy de manera unánime que fue el choque con uno de estos cuerpos interplanetarios, caído en el océano cerca de la Península del Yucatán, lo que acabó con el reinado de los dinosaurios y dio paso a la era de los mamíferos pasando del Mesozoico al Cenozoico. Ante las extinciones masivas los paleontólogos proponen cambio de eras geológicas: no está tan claro si también se debieron a impactos con asteroides cometas o meteoritos las anteriores extinciones masivas sufridas por nuestro planeta.

Fue Luis Leakey, el eminente paleontólogo famoso por haber arrojado las primeras luces modernas sobre el origen del hombre, quien propuso hace décadas el concepto de "Sexta extinción", postulando su origen antrópico: si no ponemos medios drásticos y urgentes, a ella nos encaminamos de inmediato, pero todavía estamos a tiempo de evitarla.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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