Cortejos, 'regalos'...

Animales enamorados

Miguel del Pino

Hay fechas, como el Día de los enamorados, que se prestan a comparaciones, no siempre exactas, entre el comportamiento humano y el animal. ¿Existen en la escala zoológica amores y fidelidades entre los irracionales? Si deshumanizamos el estudio, encontramos conductas verdaderamente sorprendentes.

Cariños que matan

Una de los hábitos de conducta sexual más curioso, pero también uno de los mejor conocidos por el público aficionado es la captura y posterior festín a costa del macho por parte de una hembra muy poco romántica, pero desde luego bien práctica. En los depredadores del mundo de los invertebrados es relativamente frecuente este fenómeno.

La Mantis religiosa, insecto depredador dotado de formidables espinas en las patas y de unas poderosas mandíbulas es el ejemplo más divulgado del anterior drama. Inmediatamente después de la cópula la hembra atrapa al macho y lo devora comenzando por la cabeza. La práctica se impone, toda vez que la terrible viuda deberá comenzar a formar los embriones de su numerosa prole y necesitará para ello un suplemento proteico: involuntariamente el sufrido macho lo aporta.

También en el curioso mundo de las arañas se observan cortejos con final letal para el galán, aunque en algunos casos el macho que se acerca a la tela de la que será su pareja consigue inhibir su agresividad ofreciendo a ésta un regalo de bodas, que suele ser una suculenta mosca: realmente asombroso.

Lírica y épica

Algunos cortejos aparentemente apasionados y "románticos" tienen en realidad una explicación diferente. Cuando juntamos en nuestra casa al canario con la canaria para que inicien la cría, el macho canta excitando a la hembra con las alas bajas, la garganta inflamada y extraordinarias muestras de celo. La interpretación parece obvia y generalmente lo traducimos como un galanteo apasionado, pero en realidad estos pájaros no reconocen el sexo y están atacando a quien acaba de invadir su territorio.

La hembra tiene que escapar de este acoso y para ello suele recurrir a adoptar posturas y emitir sonidos infantiles o juveniles: pía y abre las alas imitando la conducta de petición de alimento de los pequeños recién salidos del nido. Si el macho "pica" y se deja engañar, pasará a la pauta de alimentar a la hembra, cesará en sus ataques y comenzará la verdadera conducta de cortejo ayudando a su pareja a construir el nido.

Verdaderamente la conducta de apareamiento de las aves y sus ceremonias previas resultan muy sorprendentes. Los etólogos definen como "pavoneo" los rituales que desarrollan los machos de muchas especies ante las hembras cuando se encuentran en celo, pero a veces las apariencias engañan. Hace tiempo comentábamos que la aparatosa exhibición del pavo real haciendo la rueda con las larguísimas plumas de la cola para atraer a las hembras a su proximidad, utiliza un curioso truco: la luz incide en la parábola que forma esta cola, se refleja en las manchas brillantes oceladas de las plumas y forma puntitos de luz en el suelo que la hembra confunde con comida. Podemos traducir el mensaje como "cerca de mí hay comida, no te vayas". Y perdón por humanizar el tema.

En general cuando un animal de determinado sexo goza de coloridos o libreas durante la estación de celo, se vale de ellos para atraer a su pareja en el cortejo previo a la cópula. Muchos peces bailan ante las hembras mostrando las bandas coloreadas, y a veces fluorescentes, que adornan los costados de su cuerpo.; también los anfibios acuáticos, como los tritones, ejecutan verdaderas danzas de celo o abrazan a su pareja incitándola a la ovulación.

Si buscan un perfecto amante que sea además el mejor padre del mundo, deténganse ante el caballito de mar. Después de copular espera la puesta de los huevos, los guarda en una bolsa ventral que posee en el abdomen y allí los incuba y da a luz a los alevines. ¡Es el macho quien alumbra a las crías! ¿Quieren algo aún más asombroso?

En el mundo de los mamíferos las circunstancias de la formación de parejas son muy variadas, y muchas veces no son tales, sino verdaderos harenes, como en el caso de los ciervos, que deben acceder a la condición de jefe del grupo de hembras a partir de sus incruentas peleas con otros machos aspirantes, que se acompañan con estruendosos coros de bramidos.

Fidelidad

Hablar de fidelidad animal nos conduce a otro terreno muy diferente. Efectivamente son muy numerosos los ejemplos de animales que forman parejas estables, pero no hace falta que busquemos con lupa en la escala zoológica ya que esto se puede observar en los populares periquitos y en sus primos hermanos africanos los agapornis, que son conocidos como inseparables por esta actitud reproductora.

Las cigüeñas no sólo son fieles a su pareja, sino sobre todo al nido, al que vuelven año tras año reconstruyéndolo si está deteriorado. Los ánsares comunes por su parte figuran entre las aves más apegadas a su primera pareja, hasta el extremo de que es raro que vuelvan a aparearse en caso de enviudar. Algunos observadores describen incluso actitudes de tristeza, aunque no queremos deslizarnos por este terreno para no caer en exageraciones propias de los cuentos de dibujos animados.

Al celebrar este año el día de San Valentín los zoológicos suelen publicar notas de prensa sobre sus parejas reproductoras más fieles y duraderas. El madrileño Faunia recurre a sus pingüinos de las instalaciones antárticas, donde algunos cónyuges de varias especies llevan cerca de veinte años viviendo en pareja y cuidando su puesta: bien se merecen una ración especial de ese pescado que tanto les gusta, aunque este menú no resulte tan romántico como aquellos espaguetis que degustaban Reina y Golfo en La Dama y el Vagabundo y que terminaban por enredarles en un beso mucho más humano que perruno. Por una vez dejemos que la Ciencia se una un momento con la fantasía.

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