¿Inevitable humanizar el tema?

Amores animales

Miguel del Pino

Todos los años, cuando llega el "Día de los enamorados" periódicos y revistas aprovechan la ocasión para referirse al amor y la fidelidad en relación con nuestros amigos los animales. Tales historias pueden ser entrañables, pero no siempre se parte de la objetividad científica.

¿Es inevitable humanizar el tema?

Reconociendo que el mundo animal presenta ejemplos verdaderamente admirables en referencia a la fidelidad y a las muestras afectivas que se dan entre parejas animales, no siempre estas conductas tienen significados comparables a la afectividad o el amor entre los humanos. El estudio del tema presenta diferentes aristas, algunas muy complejas.

La soledad puede ser un problema

Aunque es cierto que hay especies animales que viven en una soledad que sólo se rompe en la época reproductora, lo más frecuente, al menos en el mundo de los vertebrados, es la agrupación de los individuos; entre estas relaciones se encuentra la formación de parejas o de grupos familiares en los que son frecuentes las muestras afectivas, a veces realmente sorprendentes .

Por qué lo llaman amor cuando quieren decir…

Sociabilidad, agrupamientos para defenderse de los predadores, marcado de relaciones y dominancias entre animales sociales, y tantos otros componentes del inventario de conducta de una especie, pueden ser asimilados al amor si lo contemplamos desde un punto de vista humanizado.

En ecología se denomina efecto de grupo a la protección frente a los predadores que ofrece el agrupamiento de individuos. Una paloma que cruce sola un espacio abierto será atacada por la rapaz al acecho en muchas más ocasiones que cuando es una bandada quien hace el trayecto peligroso. El efecto grupo hará dudar y a veces desistir al cazador: ésta es la clave.

Pero del simple agrupamiento a la distribución ordenada y jerarquizada sólo hay un paso. Llegamos así a la organización de bandadas de aves siguiendo un esquema en el que cada individuo ocupa un orden determinado, y se establecen vínculos de unión basados en la conducta de acicalamiento y cuidados mutuos. En las bandadas de muchas especies de loros y periquitos que descansan en el arbolado del bosque, cada individuo tiene a quien rascar y quien le rasca.

En ciertas ocasiones del agrupamiento defensivo se pasa a la formación de parejas estables que se acicalan entre sí y dan muestras de unión y fidelidad que parece inevitable relacionar con el afecto y el amor. De esto pueden dar testimonio quienes hayan tenido en casa una pareja de periquitos o de agapornis.

Los "pájaros del amor"

Los agapornis son diminutos loritos multicolores procedentes del continente africano. Algunas especies se han popularizado como aves domésticas y se reproducen fácilmente en cautividad, siempre que dispongan de espacio amplio y buenos cuidados. Dos de sus especies, el Agapornis personata y el Agapornis fischerii, de Tanzania y Mozambique, han llegado a hacerse muy populares.

"Pájaros del amor" o "inseparables" suele llamarse a estas aves, dada la multitud de muestras de afecto que se prodigan y a la costumbre de mantenerse juntos en el posadero, como harían en las ramas del bosque originario. Verdaderamente esta conducta resulta muy tierna y atractiva para los aficionados a su mantenimiento y cría : se suele decir que no pueden vivir solos, aunque tal afirmación resulta exagerada.

Los populares periquitos desarrollan pautas de conducta semejantes, hasta el punto de que cuando muere uno de los miembros de una pareja reproductora es frecuente que el superviviente no vuelva a aparearse nunca. Hablamos ahora no sólo de supuesto amor, sino también de fidelidad.

Las aves son las más "amorosas"

El gran grupo de las aves ofrece los ejemplos más espectaculares de la conducta que estamos comentando. La mayor parte de las especies son monógamas y permanecen juntas toda la temporada de cría, colaborando en la nidificación y en la manutención de los polluelos. Claro que hay excepciones, pero también ejemplos, algunos muy conocidos, donde la fidelidad a la pareja es tan estricta que su unión se mantiene año tras año. Es el caso de las cigüeñas y los gansos.

En las parejas fieles caben dos posibilidades: en algunos casos no se separan nunca, permaneciendo juntos fuera de la época de reproducción. Es más asombroso el caso de las que se separan y vuelven a buscarse y reencontrarse en la siguiente estación reproductora, a veces después de haber recorrido en su migración distancias increíbles.

Parejas y familias

Las uniones familiares se establecen fundamentalmente en el mundo animal para conseguir la supervivencia de las crías. Dentro del seno de estas agrupaciones pueden encontrase también asombrosas muestras afectivas, como las que son frecuentes entre los mamíferos sociales.

Las familias parentales son muy frecuentes en los mamíferos y las aves. Están formadas por la pareja reproductora y por las crías hasta el momento de su emancipación, y en ellas podemos apreciar frecuentemente escenas de ternura y mecanismos mutuos de cuidados y caricias que resultan asombrosos. Para encontrar ejemplos significativos busquemos el mundo de los cánidos sociales, como los lobos.

El reparto de las presas se asegura en las familias lobunas por medio de señales de solicitud, tanto entre los miembros de la pareja como por parte de las crías, que van acompañados de sonidos implorantes, lamidos, posiciones de juego y toda una serie de "gracias" para conseguir un poco de alimento. Hablamos de los cánidos, pero otro tanto ocurre entre los grandes felinos, especialmente en las familias de leones.

Mejor no humanizarlo

Como en tantas otras ocasiones es preferible observar la conducta de los animales sin humanizarla. Es inevitable asimilar al amor y a la fidelidad entre los humanos ciertas manifestaciones animales que han evolucionado para hacer posible la convivencia en pareja o en grupos. De esta convivencia se derivan mejores resultados en la supervivencia de las crías, o a veces de los propios individuos, que se defienden mediante el efecto de grupo.

Tememos que en esta ocasión la Ciencia no está totalmente conforme con el Romanticismo.

Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias Naturales.

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