¿Quién ha reventado Nord Stream?

Marcel Gascón Barberá

Las autoridades de Suecia y Dinamarca han informado esta semana de varios actos de sabotaje que han provocado fugas en los gasoductos Nord Stream 1 y Nord Stream 2 a su paso por las inmediaciones de sus aguas territoriales. No sabemos de momento quién está detrás de las explosiones, pero todos los observadores coinciden en una cosa: solo un Estado ha podido llevar a cabo un ataque de esta dificultad.

Mientras los países de la OTAN sospechan de Rusia, Moscú apunta a Washington, Kiev señala a Moscú y en las redes crece la teoría de que podría haber sido Estados Unidos, para eliminar a un competidor en el suministro del gas a Europa y dejar al Kremlin sin su principal instrumento de chantaje para que el viejo continente deje de ayudar a Ucrania.

Personalmente, veo descabellada la posibilidad de que fuera Washington. El apoyo de Europa es crucial para una Administración Biden que no puede permitirse una derrota de Ucrania. Reventar unilateralmente Nord Stream supondría riesgos inasumibles desde todos los puntos de vista, y no existen precedentes recientes de acciones similares de Estados Unidos en Europa.

No puede decirse lo mismo del historial de Rusia, que no ha tenido reparos en (por ejemplo) volar depósitos de municiones en la República Checa y Bulgaria. Moscú ha hecho de la manipulación, la agresión más o menos soterrada y la mentira rasgos característicos de su interacción con otras naciones, y es natural sospechar que las explosiones submarinas del Báltico son parte de su guerra híbrida contra Occidente.

Pero ¿qué ganaría Rusia con dañar unas infraestructuras de las que su gigante energético, Gazprom, es propietario mayoritario? El experto en kremlinología y (permítanme el pleonasmo) mafia rusa Mark Galeotii lo explicó el miércoles en The Spectator.

Saboteando sus propios gasoductos en un momento en que no están bombeando gas por las tensiones provocadas por la invasión de Ucrania, Rusia manda una amenaza velada a Europa sin exponerse al peligro de represalias.

Escribe Galeotti: "Si uno quiere indicar que, en caso de escalada, considerará objetivos legítimos los conductos extranjeros y otras infraestructuras submarinas, la opción más segura es atacar tu propio gasoducto".

Aunque la Comisión Europea ha advertido de que responderá con contundencia a cualquier ataque a la red energética europea, prosigue el experto, es difícil tomar medidas drásticas "cuando la infraestructura [atacada] no es tuya, no está siendo utilizada y no es probable que se utilice en el futuro".

Más que sugerir la posibilidad de un sabotaje a otros conductos por los que Europa recibe su energía, como el gasoducto que acaba de inaugurarse entre Noruega y Polonia, el objetivo más obvio de la supuesta amenaza del Kremlin son, según Galeotti, los cables submarinos que nos permiten acceder a internet.

"Es casi imposible ‘cortar’ internet, pues la información puede ser enviada por medios alternativos", pero los efectos de una interrupción parcial del servicio tendría graves consecuencias económicas y políticas en unas sociedades totalmente dependientes de internet.

Si la hipótesis de Galeotti —que, por supuesto, no es solo suya— es correcta, Putin busca fórmulas cada vez más desesperadas y rocambolescas de intimidar a Europa, de manera que los países más poderosos del continente fuercen a Ucrania a negociar una paz presentable ante su pueblo para un dictador al que los problemas también se le acumulan en casa.

Sus propagandistas fuera de Rusia son, a menudo, el reflejo más fiel de las verdaderas intenciones del Kremlin. Tras los sabotajes a Nord Stream han alertado al unísono de la gravedad que están tomando las cosas, para insistir en la necesidad de una negociación que pare el avance ucraniano en el frente.

A sus derrotas en la guerra, Rusia solo ha podido responder con bombardeos contra ciudades, presas y centrales eléctricas y más asesinatos de civiles. El macho alfa del Kremlin no parece capaz de cumplir los apocalipsis que anuncia.

Este miércoles, justo después de que Putin quemara los cartuchos de los referéndums de anexión y la movilización parcial, y en medio del cruce de acusaciones por las explosiones del Nord Stream, Washington anunciaba una nueva partida de armamento que doblará el número de HIMARS a disposición del ejército de Ucrania. Europa, por su parte, se mantiene firme en las sanciones.

Al menos por ahora, la estrategia de Putin es un fracaso estrepitoso. Aspiraba a restaurar el Imperio y está siendo su sepulturero.

A continuación