Votar bien

Luis Herrero Goldáraz

Circula un vídeo por ahí de Vargas Llosa en la convención del PP. Se intuye el resto. Asomándose a la ventana esta mañana de viernes otoñal, todavía sin que el sol terminase de salir del todo, con el café humeante y la coronilla despeinada, uno podía divisar allá a lo lejos a la caballería poderosa de los acérrimos defensores de la "democracia real", triunfante y desbocada, cargando contra alguna suerte de monigote abandonado a su suerte. Aunque quizás esa imagen sea demasiado exagerada. Vargas Llosa no es un monigote ni está abandonado a su suerte; el PP es otra cosa; y el problema real está en lo que dijo el Nobel. Circula un vídeo por ahí, como ya he dicho, que recoge un minuto de su intervención. Es un vídeo muy oportuno. Ahí aparece el escritor, compartiendo plano con Moreno Bonilla y Leopoldo López; y ahí aparece Pablo Casado, poniendo cara de inteligencia entre asentimientos de aprobación, pese a que lo que escuchaba podía ser entendido como una amenaza contra el sistema democrático que dice defender. La caricatura se hace sola.

¿Pero era una amenaza, realmente? Ya he dicho también que el vídeo que circula es muy oportuno. Dura exactamente un minuto y cinco segundos, que han sido arrancados de un discurso más largo. Esto es normal y no tiene nada de extraño. En él, Vargas Llosa dice frases que ponen los pelos como escarpias. Dice cosas como que la libertad a la hora de votar es muy importante, pero que más importante es "votar bien". Y uno entiende de golpe el revuelo, claro. Después todo se complica. El vídeo se corta en mitad de un segundo arranque de frase del escritor peruano. Concretamente, cuando está empezando a explicar en qué consiste eso de votar bien. "Votar bien no es fácil…", dice, pero aparece la publicidad y uno se queda sin saber si van a iniciarse al fin las proclamas a favor del partido único, salvador de la patria, o si el escritor se va a arrancar por bulerías.

Como era de esperar, la jauría no ha soltado a su presa. Líderes de opinión de la radio más escuchada del país han hecho ver lo peligroso de esa lógica tan antidemocrática –lógica, nos recuerdan, que ayuda a comprender la pulsión autoritaria que siempre ha anidado en la derecha–; el antiguo vicepresidente del Gobierno, adalid de las libertades y defensor de cordones sanitarios y dictaduras marxistas, ha hecho lo propio en sus redes; y en torno a él un trasunto de lo que fueron sus votantes, junto a otros muchos que ni lo fueron ni pretenden serlo, se ha abandonado definitivamente a esa complicidad que une tanto a quienes combaten por las mismas causas. Tuiteros anónimos han rescatado frases de Videla, de Fraga, de Hitler o de Darth Vader, colocadas convenientemente junto a la de Vargas Llosa. Nadie se ha atrevido a mencionar a Lenin. Y, sin embargo, al que verdaderamente se ha echado en falta es a Benjamin Constant.

En esta época en la que se da por hecho que el progreso siempre ha ido de la mano del socialismo y, si por algunos fuese, exclusivamente del PSOE y el PCE, habría que recordar lo que fue el liberalismo y el papel que desempeñaron sus diferentes defensores a la hora de derribar el Antiguo Régimen e instaurar el sistema democrático con el que tanto nos llenamos la boca ahora. Benjamin Constant no es sospechoso de ser antidemócrata y, sin embargo, habría podido firmar esa frase de Vargas Llosa. Ahí está su discurso sobre la libertad de los modernos en comparación con la de los antiguos, un alegato a favor de la democracia representativa en detrimento de la democracia directa –¿les suena?–, por ser esta última la causa principal, según él, del terror durante la Revolución francesa.

Pero lo interesante para el caso que nos ocupa viene después. Constant, consciente de que el nuevo sistema que trataban de implantar se vería siempre amenazado por la tentación de algunos césares que quisiesen auparse al poder manipulando al pueblo, hizo un alegato más. Lo importante para él, en este nuevo sistema, era la responsabilidad del ciudadano a la hora de votar. El ciudadano debía hacer el esfuerzo de interesarse por la actuación de sus políticos, debía querer estar al tanto de la vida pública de la nación y debía formarse concienzudamente. Así estaría mejor preparado para resistir las acometidas populistas. El poder de los gobernantes electos emana del pueblo, vino a decir, así que es al pueblo al que corresponde velar por que sus libertades no vuelvan a ser usurpadas. El discurso de Vargas Llosa podría hacernos reflexionar acerca de eso. Exigir una mejor educación, tal vez, que nos permita terminar la formación obligatoria conociendo al menos la Constitución que salvaguarda nuestros derechos. O pedir una mayor transparencia de quienes nos gobiernan. Pequeñas cosas que nos ayuden a "votar bien", en definitiva. A estar menos manipulados. Sus palabras, además, iban enfocadas exclusivamente a la situación en Hispanoamérica. A su lado, como he dicho, estaba Leopoldo López. No deja de resultar curioso que quienes llevan años justificando el régimen chavista carguen ahora contra discursos supuestamente antidemocráticos. Al fin y al cabo, ni siquiera tenemos claro si lo son. Yo no sé qué quería decir exactamente Vargas Llosa. Lástima que el vídeo se cortase justo antes de esclarecerlo.

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