¿Una cuarta etapa?

Juan Velarde

La revolución del Neolítico, por supuesto la económica, fue extraordinariamente larga. El transporte, elemento esencial en la economía, no se diferenciaba mucho, ni el marítimo, ni el terrestre, en tiempos de los fenicios, de los bizantinos o de Felipe II. La confusión es palpable, por ejemplo, cuando se denominan "puentes romanos" a muchos construidos en la Edad Media. Pero todo cambia bruscamente como consecuencia de la reunión de dos factores. Uno, el de la ciencia, que aparece con fuerza ya en el siglo XVI y que se basa, en buena parte, en el triunfo del nominalismo en la polémica de los universales. Otro, el de un sistema financiero que ha llegado hasta ahora: contabilidad, letras de cambio, banqueros, plata que procede de América, bolsas de comercio... Todo eso acabará generando desde el siglo XVIII, y con toda claridad cuando Inglaterra, por el tratado de París de 1783, concede la independencia a Estados Unidos, un estallido tecnológico colosal, que borra la revolución del Neolítico. Ha aparecido la Revolución Industrial.

Ésta tiene una base esencial en el siglo XIX, debido a la industria textil, a la siderometalurgia, gracias a un consumo fortísimo del carbón, al ferrocarril y desde luego al patrón oro, éste entre otros sistemas monetarios. A ella le sigue, precisamente a partir del borde del siglo XIX con el XX, una triple aparición: la industria de la automoción, con el complemento del petróleo, la entrada con fuerza de la electricidad, a partir del desarrollo de la corriente alterna, y finalmente la industria química.

Todo esto tuvo lugar con un auge del mundo liberaldemocrático, y derivado del romanticismo, con un nacionalismo marcadísimo. Culminación de todo esto fue una crisis del sistema liberaldemocrático, hasta contemplar en multitud de países que se ponía en marcha la utopía comunista, y derivado de un hipernacionalismo, la situación que señaló así Manoilesco, en un artículo en el Weltwirtschaftliches Archiv: ultraproteccionismo industrializador y partido único.

La consecuencia fue la aparición de tres contiendas con el preludio de otros conflictos de menor cuantía, pero que resultaron preparadoras: la I y II Guerras Mundiales y la Guerra Fría. Así se llegó hasta la década de los 60 del siglo XX:

Precisamente ahí surge otra novedad para la Revolución Industrial. La Unión Europea, el auge de China, la potencia colosal de Estados Unidos, y todo ello con un alud de avances productivos basados en la informática, en la exploración del espacio exterior, en la biotecnología y, sobre todo, en la conexión a escala mundial de los mercados financieros, y también otros aspectos de la globalización económica. Intentos de frenar esto, como fue el estructuralismo económico latinoamericano, fracasaron ruidosamente. Es una cuarta etapa de la Revolución Industrial que responde a la famosa frase de Hegel una y otra vez acertada: "Cuando el hombre convoca a la técnica, la técnica siempre comparece".

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