El negocio del deporte

Y ahora, el "tocomocho" desde la línea de 6,25

Juan Manuel Rodríguez
Nuestro entrañable y nunca bien ponderado "lobby amable" sigue mirando tenazmente al cielo esperando ver la cigüeña que trae a los niños directamente desde París, la "ciudad de la luz". Habrá quien, transcurridos varios meses desde entonces, siga aplicando su mirada "político-estrábica" al tocomocho que, allá por el mes de marzo del año pasado, quisieron darnos personajes como Isidro Oliveras, que por aquel entonces mal presidía la Federación Internacional de Patinaje, o Antonio Martra, presidente de la Federación Española a quien, mientras nos la clavaban "par derrière" en Miami, encontraron relajado por Jerez, oportunamente ausente, conscientemente lejano y cómplice. Al menos hay que reconocerle a Martra el detallito que tuvo con nosotros al presentrar su dimisión al día siguiente del "tocomocho".
 
Estaba muy claro que a ninguno de los personajes anteriormente citados les importaba un bledo que Cataluña fuera reconocida como federación independiente. Tan claro estaba aquello (no hay más que recordar el estallido de Oliveras cuando, acorralado y perdido, reconoció en una entrevista que a él lo que realmente no le gustaba era la Constitución Española) como el hecho de que, por mucho que miremos al cielo, los niños no vienen de París... gracias a Dios. Podremos pensar que la Generalidad (ésta, la anterior y probablemente las que vengan en el futuro) está realmente obsesionada por fomentar el deporte catalán, pero eso supondría tener una visión borrosa de la realidad y quizás no fuera compartida por los propios deportistas catalanes, huérfanos, en muchas ocasiones, de las subvenciones que debieran suministrarles directamente desde el Consejo Catalán de Deportes. En realidad lo único que pretenden es utilizar el deporte como palanca para abrirse camino hacia sus objetivos p-o-l-í-t-i-c-o-s. Punto. No hay más. Dejen ustedes de mirar al cielo.
 
Tras el hockey le toca ahora el turno al baloncesto. Los mismos movimientos de antaño. Idénticos tambores de guerra. Sólo cambian los protagonistas. Ignacio Doñate por Isidro Oliveras. David Moner por Antonio Martra. Y se sustituyen también los interlocutores: ahora se trata de martillear al suizo Patrick Baumann, secretario general de la FIBA, con la idea de que la selección catalana de baloncesto ha de ser internacional. Espero que el lirio de Lissavetzky, tras el oportuno riego, haya echado por fin raíces y no se tronche por el camino. Porque esto empieza por exigir el reconocimiento internacional y acaba con la solicutud a David Stern de una franquicia en la NBA... ¿Asistiremos a un partido Lakers-Cataluña? 
A continuación