El negocio del deporte

Vuelve, a casa vuelve John Woodgate

Juan Manuel Rodríguez
¡Qué rápido pasa el tiempo!... Parece que fue ayer cuando el Real Madrid fichó al inglés Jonathan Woodgate a golpe de talonario y ya ha pasado casi un año desde aquel mes de agosto de 2004, un mes que pasará a los anales de la reciente historia blanca. Parece que fue ayer cuando este caballero se nos presentó en el estadio Santiago Bernabéu trajeado al más puro estilo Ray Liotta en "Uno de los nuestros", con traje a rayas y "corbata-Carrascal", y sin embargo ya sólo le quedan aquí tres de los cuatro años que le firmó en su día Florentino Pérez. Un poco más y Jonathan habrá cumplido los veintinueve sin que nos hayamos dado cuenta. Habrá sido como un suspiro, un "flash". Hoy le vemos corriendo por ahí con un profesor de gimnasia del vallecano colegio Raimundo Lulio, y mañana... ¡plaff!... ¡Ya no estará!... ¡Se nos habrá ido!... Salvo, naturalmente, que el doctor Alfonso del Corral vuelva a darle su "O.K." y ¡hala!... ¡Otros cuatro añitos vestidito de blanco!... Lo dicho, ¡qué rápido pasa el tiempo!
 
Ahora el Real Madrid deja caer de refilón en su página web, así como quien no quiere la cosa, a las cinco de la tarde de un viernes para que no nos encelemos con la noticia, que Jonathan vuelve, a casa vuelve, tras haber sido sometido por el prestigioso doctor Orava a test, exámenes, exploraciones y biopsias varias. No le toca al señor Orava, que vive muy lejos, en Finlandia, responder a estas preguntas que todavía no tienen respuesta: ¿Quién recomendó el fichaje de Woodgate? ¿Por qué le dieron el "O.K." los médicos del club? ¿Cómo es posible que se pasara por alto la opinión de los doctores del Newcastle? ¿Era razonable invertir veintidós millones de euros en un futbolista con un historial clínico que convertiría al mismísimo Robert Prosinecki en el Hércules Cortés croata? El tiempo pasa raudo y veloz, pero desafortunadamente todas esas preguntas continúan todavía sin respuesta. Y lo que te rondaré morena.

Y cambiando radicalmente de tercio, ¿saben que Piterman obliga ahora a pagar por entrevistar?... Mil euros por un futbolista, y mil quinientos por cada directivo o técnico. Permítanme que me carcajee: "Ja ja ja". El tal Dimitri es un caso. Sólo le he entrevistado una vez en mi vida, y en aquella ocasión llegué a la conclusión de que tendría que haberle cobrado yo por permitirle hablar en la Cadena Cope.

A continuación