El negocio del deporte

Villar como obsesión

Juan Manuel Rodríguez
En su ánimo por ser más madridistas que el mismísimo Santiago Bernabéu y conseguir cuanto antes la insignia de oro y brillantes del club, algunos colegas de la prensa deportiva confunden sus anhelos con la realidad pura y dura. ¿Conocen ustedes aquel viejo adagio periodístico de "no dejes que la realidad te estropee una buena noticia"?... Pues eso... La "pinza" entre Ángel Villar y Joan Laporta para impedir al precio que fuera que el Real Madrid lograra su trigésimo campeonato nacional de Liga sería por sí sólo el notición del año 2005, un Watergate a la española, un escándalo de consecuencias internacionales en el que tendrían que entrar a saco desde el Gobierno de España hasta el último bedel de la Ciudad del Fútbol de Las Rozas, de no ser por el insignificante detalle de que, quien sugiere que esta Liga la ganarán finalmente en el despacho y no sobre el terreno de juego, no aporta ni un solo dato serio y coherente.
 
No existe Villarato, no, sino frustración monumental del tapado (o simple tapa, como me sugiere Dieter Brandau) de la Cadena SER, incapaz de derrotar en las urnas al demonizado Villar, contra quien empleó descaradamente la "Brunete Mediática" (Pedro Pablo Parrado dixit) para salir, a pesar de la artillería pesada empleada en el intento, mal parado y con el rabo entre las piernas. El "tapado" aprovecha que el Pisuerga pasa por Valladolid para arrearle con fuerza a cualquiera que huela a Federación Española de Fútbol. Villar se ha convertido en una obsesión.
 
El Real Madrid ha dejado escapar una ocasión única y quizás definitiva para conseguir una "ventaja ética" con respecto al Barcelona, poniendo negro sobre blanco quién llora siempre cuando las cosas no le marchan bien, y quién respeta el fair-play a pesar de que las circunstancias deportivas le sean desfavorables. Es posible que, en líneas generales, los árbitros hayan perjudicado más al Madrid que al Barça a lo largo de la temporada 2004-2005, pero la actitud de plañidera futbolística no ha caracterizado nunca al "mejor club del siglo XX", según la FIFA. Para un viaje como éste no eran necesarias aquellas alforjas, habría sido más mucho "sensato" romper la baraja desde el principio, como Núñez, Gaspart, Ortí y tantos otros... Ángel Villar no marca los goles, como tampoco los marcó nunca el general Franco.
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