El negocio del deporte

Tie-break clarificador

Juan Manuel Rodríguez
Es cierto que el tenis profesional ha cambiado mucho, pero quien afirme que la fuerza bruta sustituyó a la técnica no tiene ni la más remota idea de lo que está diciendo. Entre 1930 y principios de los 70 se jugó un tipo de tenis y, coincidiendo quizás con la irrupción de jugadores del "corte" de Bjorn Borg, Vitas Gerulaitis o Jimmy Connors, el modelo tenístico cambió, dio un giro radical. Yo creo que tres indiscutibles "super-clase" como fueron en su día, por ejemplo, Rod Laver, Ilie Nastase y Manolo Santana, simplemente no habrían podido sobrevivir ni un par de sets al violento intercambio de golpes que protagonizaron Rafa Nadal y Guillermo Coria en la pista central del Foro Itálico de Roma.
 
¿Acaso son mejores tenistas Nadal o Coria que lo fueron Nastase o Laver?... No. Nadal y Coria son deportistas radicalmente distintos y con medios inexistentes allá por los años setenta. ¿Eran más inteligentes o quizás más "finos" Newcombe o Roche que Yannick Noah o Boris Becker?... En absoluto, sólo eran otros tiempos. El vibrante estilo con el que se abrió camino a raquetazos el sueco Borg creó escuela, dando paso a tenistas como Ivan Lendl, Thomas Muster, Jim Courier o Andre Agassi. La peculiar forma que tuvo el sueco de interpretar el tenis, aquel estilo suyo tan peculiar de pegar el golpe de revés sujetando la raqueta con ambas manos, se mostró como un estilo eminentemente ganador. Borg ganaba muchos partidos porque era un tenista físicamente superdotado, sí, pero también porque supo desentrañar rápidamente el "intríngulis" del juego.
 
Nadal y Coria protagonizaron en el Abierto de Roma un partido electrizante en el que ambos no escatimaron esfuerzos. Y los aficionados romanos se rindieron ante la indudable generosidad de Nadal, lesionado en una mano y, aún así, capaz de resistir el auténtico chaparrón de golpes que le llovió desde el otro lado de la red. Había interés por saber si, puesto ante una situación límite, Nadal, con tan sólo dieciocho añitos, aguantaría la tensión. El "tie-break" del quinto set fue clarificador y respondió, una por una, a todas las dudas. Hay quien ya quiere compararle precisamente con Bjorn Borg, pero "piano, piano, chi va piano va lontano": a nuestro "golden boy" todavía le separan del gélido sueco cincuenta y siete títulos y once torneos del Grand Slam.
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