El negocio del deporte

(Sin Raúl, por supuesto)

Juan Manuel Rodríguez
Puesto que Luis Aragonés podría dejar fuera de la alineación titular que se enfrente a Serbia al auténtico problema que tiene ahora mismo el fútbol español (pongámosle nombre y apellidos de una vez por todas, quitémonos la careta: Raúl González Blanco) haríamos bien en ir adelantando, en "rigurosa primicia informativa", el arrollador éxito de los nuestros en el Pequeño Maracaná, que, sin Raúl sobre el campo, pasará a convertirse en "minúsculo Maracaná", "mini-Maracaná", un Maracaná de bolsillo; en definitiva, una porquería de Maracaná que ni asustará, ni intimidará, ni nada de nada, una birria. La prueba del algodón de esto que afirmo con tanta contundencia la constituye el hecho de que la selección española de fútbol derrotara el sábado sin mayores problemas a la de China. Un aplastante 3-0, con goles de Torres, Xavi y Joaquín. ¿Y dónde estaba Raúl, eh, eh? ¿Dónde se encontraba el siete?... Pues... ¡en el banquillo!
 
El éxito en Belgrado está asegurado. Veo a España clasificándose primera del Grupo séptimo, (sin Raúl) acudiendo luego al Mundial alemán, (sin Raúl) clasificándose con brillantez para dieciseisavos de final, (sin Raúl) atravesando luego la "barrera psicológica" de cuartos, (sin Raúl) venciendo a Brasil en semifinales (sin Raúl) y derrotando a los alemanes en la gran final (sin Raúl, por supuesto)... ¡Campeones, campeones, oé, oé, oé!... ¡A La Cibeles! ¡A Neptuno! ¡A Canaletas! ¡A La Giralda!... No entiendo por qué Luis sigue deshojando la margarita. Sin Raúl, campeones; con él en el equipo, la mediocridad. Si yo fuera "zapatones" no me lo pensaría ni un segundo más. Le va en ello su prestigio y la renovación como seleccionador hasta el año 2012...
 
¡Hablando de 2012!... De un tiempo a esta parte no hago otra cosa que ver a gente con pulseras de mil colores, amarillas, blancas, negras, rojas... Salvo que uno sea el lanzador de peso Manolo Martínez o el gobernador Arnold Schwarzenegger no logro imaginar cómo muñecas tan estrechas puedan albergar un número tan elevado de pulseras de plástico. La última en aparecer en el mercado ha sido precisamente la roja, la del apoyo sin fisuras a la candidatura olímpica de Madrid 2012.  ¿Quiere decir eso que si no me la compro estoy a favor de París, como Tirirí? Yo tengo excusa: no lanzo peso y soy de muñeca estrecha.
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