El negocio del deporte

Shakira 11 - Carod 0. Y Puigcercós de portero

Juan Manuel Rodríguez
La cantante Shakira presentará su nuevo disco en Madrid el próximo 5 de junio. "Fijación Oral", que así se llama el "elepé" de esta guapa colombiana, verá la luz del sol, nunca mejor dicho, en la universalmente conocida Puerta de Alcalá, (la del "mírala, mírala, mírala") obra que el gran Sabatini construyó con granito traído directamente de la sierra madrileña para celebrar así la entrada de Carlos III en la ciudad. El 7 de junio Shakira publicará en todo el mundo su nuevo álbum, pero sus fans españoles tendrán un adelanto con el único objetivo de apoyar la candidatura olímpica española. Ojalá se cumplan los buenos presagios y Shakira, que en indio significa "diosa de la fortuna", ejerza como tal y el Comité Olímpico Internacional nos dé al final una buena noticia el próximo 6 de julio en Singapur.
 
Es realmente curioso porque Shakira no nació en España sino en Barranquilla, a orillas del mar Caribe, muy lejos de aquí, aunque ella sabe perfectamente que tiene una deuda de lealtad hacia Madrid, ciudad a la que incluso llegó a dedicar una canción ("más se que estaré bien, los gatos como yo caen de pie"). No sucede como con Carod Rovira quien, a pesar de haber nacido entre nosotros, ha demostrado una profundad deslealtad hacia el legítimo sueño olímpico que mantiene la capital de España. La del líder de Esquerra Republicana de Cataluña sí que es una fijación, aunque no oral sino obsesiva, enfermiza, dañina. Ya no me quejo, para qué. Y, en cualquier caso, salimos ganando con el cambio. Ganamos por goleada. Shakira, 11 - Rovira, 0. Y Puigcercós de portero.
 
Por cierto que anoche, en un debate organizado por TV3, el periodista Alfredo Relaño dijo, textualmente, esto: "La imagen de Samuel Eto\'o en Madrid es ahora más buena que antes, porque ha sabido rectificar"... La pregunta es la siguiente: ¿Rectificó él o le rectificaron otros?... La imagen de Eto\'o en Madrid es ahora mismo tan buena como pueda serlo la de Carod Rovira. Ambos rectificaron a su estilo. El primero dijo que una cosa era lo que pensaba y otra muy distinta lo que podía decir en público, mientras que el segundo explicó que no sabía por qué debía apoyar a Madrid 2012 si tampoco le pidieron su apoyo para Barcelona 1992. Joan Laporta está en la obligación de afirmar que el caso está cerrado, pero qué va. El caso está tan abierto como una de las mil zanjas que cubren Madrid.
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