El negocio del deporte

Operación Frankenstein

Juan Manuel Rodríguez

¿Quién se encargará de bautizar a las operaciones policiales? A esta que nos tiene a todos en vilo y de la que andan pendientes cerca de doscientos deportistas españoles alguien tuvo la ocurrencia de llamarla "Operación Puerto", esperando quizás que, tras los cinco primeros detenidos, siguieran atracando, en el sentido más marinero del término, hasta el último de los implicados. Pero, por todo lo que lleva decomisado hasta el momento la Guardia Civil, yo la habría llamado mejor "Operación Frankenstein": anabolizantes, esteroides, hormonas de crecimiento, bolsas de sangre... En suma, el sueño dorado de Víctor Frankenstein, aquel personaje de terror creado por Mary Shelley.

Joan Mesquida, director de la Guardia Civil, ha confirmado que aparecerán más nombres. Yo mismo he recibido esta mañana la llamada de una persona que me ha facilitado cinco o seis, todos ellos ilustres del deporte español. Supongo que será sólo cuestión de horas que surja la lista completa. Probablemente haya aparecido ya cuando usted esté leyendo este artículo. Y será bueno. Ayer oí decir al presidente de la Federación Española de Ciclismo que estaba rezando para que la lista fuera breve, pero no van por ahí los tiros. Por lo que me han asegurado, la lista será extensa y la cauterización dolorosa. Pero siempre es mejor ponerse una vez colorado que cien amarillo. Era de esperar que la primera consecuencia de la "Operación Frankenstein" fuera la inmediata cancelación del contrato que Liberty Seguros tenía con el equipo ciclista. Y esto sí que hiere de muerte a este deporte puesto que las casas comerciales no invierten su dinero para manchar su imagen sino para reforzarla. Esa inversión está sustentada en una política de confianza entre ambas partes. ¿Cuánto tiempo pasará antes de que otra empresa corra el riesgo de patrocinar un equipo ciclista profesional?

Estoy deseando escuchar las explicaciones que tenga que ofrecernos Manolo Sáiz. No soy su amigo, ni siquiera llego al grado de conocido. Le he entrevistado, eso sí, en multitud de ocasiones. Juraría que no es un tonto, ni tampoco me parece un suicida o un loco. Pero sí me parece realmente surrealista que, después de todos los incidentes que ha sufrido últimamente el mundo del ciclismo, alguien siguiera viviendo como si la policía fuera tonta. Y no, no lo es, la policía no es nada tonta. Lo demuestra esta "Operación Puerto", rebautizada desde hoy como "Operación Frankestein".
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