El negocio del deporte

Menos poesía, Villar, menos poesía

Juan Manuel Rodríguez
La historia se repite, sí, aunque no precisamente en la dirección escogida por Ángel María Villar en el último número de la revista oficialísima de la federación española de fútbol. La historia se repite porque, como viene sucediendo sistemáticamente desde que él es presidente, la selección española volverá a llegar a un Mundial (el de Alemania 2006 en este caso) con el gancho, en el último minuto y sufriendo lo que no está en los escritos. Está claro que a Villar le editorializan sobre los árbitros porque quiere desviar la atención de lo que realmente importa... ¿Qué le pasa a nuestra selección nacional? ¿Cómo es posible que tengamos una de las Ligas más potentes del mundo y luego hagamos el mayor de los ridículos en Mundiales y Eurocopas? ¿Tiene solución? ¿No la tiene?... Han cambiado seleccionadores y futbolistas. Incluso me atrevería a decir que tenemos otra generación de aficionados. El único que sigue ahí, impertérrito, es Ángel María Villar... ¿No podemos probar otro?
 
Desde luego que quien le haya escrito el articulito a Villar se ha lucido. Nadie duda de la imparcialidad y honestidad de los árbitros. Supongo que si alguien dudara en serio de alguna de esas dos cualidades lo primero que tendría que hacer es irse directamente a los juzgados de guardia a presentar una denuncia con las pruebas en la mano. La cuestión a debate no es la honradez sino la aptitud. Y, ya que me apuran, también la actitud. Un árbitro puede ser honradísimo pero carecer, sin embargo, de las cualidades mínimas exigibles para dirigir un partido de Primera División. Entre solteros y casados quizás sí, pero con tanto dinero e intereses en juego... Por otro lado, el Comité Técnico de Arbitros no puede pretender tomarnos el pelo a todos y luego marcharse de rositas, y eso fue precisamente lo que sucedió con el escandaloso "caso Rodríguez Santiago". Arminio mandó por delante a un caballero que se apellida Muñoz de Morales a decirnos que en su reloj acababan de dar las once de la mañana cuando resulta que era noche cerrada.
 
¿Dónde está Villar los domingos?... Resulta digno de estudio que este hombre tenga la desfachatez de decir, en referencia a los árbitros españoles, que "cada año perfeccionan sus prestaciones, adquiriendo más conocimientos y mejorando su condición física" cuando lo que para un colegiado es tarjeta roja directa, para otro ni siquiera es merecedor de aparecer en el acta arbitral. Y eso domingo tras domingo. En cuanto a la "alarma que han generado en FIFA los insultos y las destructivas críticas que reciben los árbitros", para alarma buena de verdad la que Joseph Blatter enciende cada vez que abre la boca. Lo que tienen que hacer los árbitros, querido Angel Maria, es salir de la madriguera. Faltan respuestas. Y sobra tanta poesía barata.
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