El negocio del deporte

Medio Maradona

Juan Manuel Rodríguez
En Madrid ha aterrizado medio Maradona. Acostumbrados a verle en sus imágenes cubanas, bamboleante y redondo como aquellos balones azules que Nivea regalaba en la playa cuando yo era chico, ahora nos llega aquí desinflado y chuchurrío después de haber perdido -¡fiuuuuu!- alarmantemente todo su aire. Maradona es medio Maradona con respecto a aquel Don Pim Pom que hace bien poco paseaba orgulloso su embarazo de whiskys, cervezas, hamburguesas, mojitos y yo qué sé, pero es sin embargo un Maradona doble con respecto a aquel otro que ganó él solito un Mundial.
 
Diego Maradona, ex pelusa, engorda y adelgaza ante nuestros atónitos ojos, se hincha y se deshincha sin trampa ni cartón, igual que lo hizo Tom Hanks aquella vez que le tocó interpretar "Náufrago". Y es que Diego es ciertamente otro náufrago, un náufrago de sí mismo, un juguete roto manejado en la sombra por unos tipos a quienes nadie conoce, pero que le traen y le llevan a su antojo, le inflan y le desinflan y le pintan la cara y le cortan las patillas y le perfuman y le hacen la manicura y le lavan los pies para luego poder venderle al mejor postor... A la de una, a la de dos, a la de tres... ¡Adjudicado este bonito medio Maradona que les recordará mucho a aquel otro Maradona de una sóla pieza que le marcó un gol único a la selección de Inglaterra!
 
El guiñol se deja manejar porque está más tieso que la mojama y seguramente le interese que otros vendan su vida privada a tanto la pieza. Hoy un poquito de sexo, mañana otro poquito de drogas y pasado lo que nos quede de rock and roll. El sábado un "Salsa Rosa" y el domingo un "Corazón, Corazón". Habrá que aprovechar mientras el Arlequín aguante en pie, no vaya a ser que vuelva a hincharse y acabe siendo otra vez un globo aerostático incontrolable. En Madrid aterrizó el lunes medio Maradona y, según me cuentan, los buitres se pegaron en la pista por demostrar quien le trajo aquí... ¡Fui yo!... ¡Fui yo!... Y Maradona va. Y Maradona viene. Y Maradona sube. Y Maradona baja. Náufrago de sí mismo, añorando tiempos pasados que ya no volverán para su desgracia y la nuestra, luz que se va apagando lentamente para aquellos que le admiramos por su fútbol de salón.
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