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Los mejores asaltos de la historia: Cassius Clay-Sonny Liston (II)

Juan Manuel Rodríguez
Conviene ver la pelea a cámara lenta. Clay le lanza un golpe de derecha a Liston, pero éste lo encaja sin inmutarse. Entonces empieza el "show". El campeón mundial empieza a bailar sobre el ring en el sentido que lo harían las agujas de un reloj. Clay baila con la guardia baja mientras Liston, que pareciera que está sufriendo una digestión pesada, trata de perseguirlo sin confiarse demasiado. Ninguno de los dos púgiles boxea hasta que Liston, cansado de tanta contención, se lanza a lo suyo y le envía cuatro recados con la izquierda a su oponente. Los golpes entran pero Ali los para con los guantes o el antebrazo. Entonces llega el momento crucial...
 
Liston arremete de nuevo con la izquierda por delante, pero Ali se aparta lo suficiente como para evitar cualquier daño y, a renglón seguido, le envía a Liston una mano en trayectoria ascendente que impacta nítidamente contra su sien. Y Liston se derrumba sobre la lona. Si ves el minuto en tiempo real y no a cámara lenta sólo observas un bailoteo intrascendente de Clay, y luego pasa algo, algo extraño porque Liston cae sin una causa aparente que lo provoque. Si no fuera porque luego la técnica lo aclara todo habría quien pudiera pensar que a Sonny Liston lo estaba derribando un rayo, o bien que un espectador hubiera disparado contra él aprovechando el fragor de la batalla. Pero no. Es el conocido "golpe de ancla".
 
Liston cayó de espaldas. Las normas modernas del boxeo (a diferencia de la época de la pelea entre Jack Dempsey y Jesse Willard) obligaban ya a que el púgil que quedara en pie se echara inmediatamente hacia atrás antes de que el árbitro iniciase la cuenta, pero Clay se negó a hacerlo. Estaba frenético, enloquecido, daba miedo y no hacía más que gritarle a Liston "¡Levántate y pelea desgraciado! ¿No eras tan malo? ¡Nadie lo diría!" El árbitro (Jersey Joe Walcott) fue excesivamente condescendiente en ese aspecto con Cassius Clay.
 
La fotografía que Neil Leifer hizo justo en ese preciso instante -Clay amenazante y Liston vencido- ha pasado a convertirse en un auténtico icono del boxeo. Leifer trabajaba para "Sports Illustrated" y, según él mismo cuenta, tuvo dos ventajas: la poesía y la suerte: "Tenía visión directa, sin el árbitro por medio. Nos habíamos tirado tres días iluminando el ring y sobornando a los electricistas del local. Aún no disponíamos de la supertecnología, pero en los principios de la carrera de Ali la situación, para los fotógrafos, era mejor de lo que sería años más tarde. Había tres cuerdas, no cuatro. Había menos luces. No había publicidad. La gente fumaba, y el humo ponía un toque dramático en el ambiente. Las imágenes eran más poéticas entonces".
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