El negocio del deporte

Lo que le pedimos a Megía Dávila

Juan Manuel Rodríguez
Le pedimos a Megía Dávila que, tras el "monedazo" que hizo tambalearse y sangrar a su amigo Vicente Egido, tome una decisión en frío, pero eso resulta bastante complicado porque Megía -lógico- estaba más caliente que el cenicero de un bingo y no hacía otra cosa que repetir mecánicamente eso de "nos vamos, nos vamos"... Le pedimos a Megía que calibre en pocos segundos los problemas que supondría suspender el partido, las consecuencias que acarrearía una decisión de esas características teniendo en cuenta que ya no quedan fechas libres en el calendario. Le pedimos a Megía que piense en los futbolistas, que piense en la federación, que piense en el público que no ha tenido absolutamente nada que ver con el golfo que, escondido entre la masa, eligió jugar al tiro al blanco con su asistente para divertirse un rato. Le pedimos muchas cosas a Megía pero, ¿y el resto? ¿Qué hace el resto?...
 
No le pedimos ni le dijimos nada, por ejemplo, a Quique Sánchez Flores cuando afirmó en rueda de prensa que él esperaba "un partido caliente". Nadie le dijo que aquellas manifestaciones suyas podrían confundir a los cincuenta o cien tarados que hay en todos los campos de España. Nadie replicó a Juan Bautista Soler cuando dijo que su rival "saltaría por los aires". Muy pocos insistieron en lo peligroso que resultaba que el Comité de Competición, cuya pasividad es alarmante, no castigara como era debido el escupitajo de Samuel Eto'o. Y durante los dos años posteriores al "cochinazo" asistimos a la "congelación" de la clausura del Nou Camp por parte de la federación española de fútbol... ¿Y ahora queremos que Megía Dávila piense en todo y en todos a la vez?
 
Me niego a entrar en la casuística del tipo de "¿y qué pasaría si un aficionado del equipo contrario decidiera arrojar algo al campo para que se suspendiera el partido y beneficiar así a su equipo?"... Yo creo que Megía aplicó el reglamento y acertó suspendiendo el partido. Punto. Tampoco me parece que sea oportuno ponerse a valorar ahora por qué se suspendió ayer el partido y no se hizo lo mismo cuando un mechero golpeó la cabeza de Roberto Carlos. Megía acertó, y el árbitro que no suspendió aquel partido sencillamente estaba equivocado. Ojalá todos los árbitros hicieran lo mismo que hizo Megía, ojalá. Así Villar y sus comités tomarían cartas en el asunto de una vez por todas. Puesto que los árbitros no hablan -esa es otra- desconozco si Vicente Egido podría haber continuado. No lo sé, ni tampoco me importa demasiado. ¿Agresión?... Suspensión. ¿Que no hay fechas?... Pues que las busquen. ¿Pagan justos por pecadores?... Efectivamente pagan, el mundo es así de cruel. Agredir a una persona con un "monedazo" no puede salir gratis.
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