El negocio del deporte

Lágrimas despidiendo a Zidane

Juan Manuel Rodríguez

El estadio Santiago Bernabéu se convirtió el pasado domingo en un valle de lágrimas para despedir a Zinedine Zidane. La última vez que vi llorar tanto a la gente fue a la salida de un cine. Estrenaban entonces "La lista de Schindler", película dirigida por Steven Spielberg, un mago del lenguaje visual y un fenomenal manipulador de los sentimientos ajenos. El muy sádico lo tenía todo perfectamente calculado de tal forma que, si conseguías aguantar el primer envite serio, aquel en el que Schindler, interpretado por Liam Neeson, se despedía de los prisioneros judíos del campo de concentración, te remataba casi al final de la película con un órdago a la grande: las dos viudas (la auténtica y la actriz que la interpretaba en la gran pantalla) del "bon vivant" alemán, acompañadas por las personas que habían conseguido sobrevivir gracias a su milagrosa intervención, yendo al cementerio a rendirle un emocionante homenaje.

Seguro que Spielberg, sabedor de que aquellos que hubieran logrado pasar la primera criba no lo conseguirían tan fácilmente con la segunda y definitiva, se habría frotado las manos de satisfacción comprobando nuestra lacrimógena reacción. Así fue. La gente se echó a llorar desconsoladamente y, aunque al salir a la calle ya hacía un buen rato que se había puesto el sol, todo el mundo llevaba puestas las gafas oscuras. Y es que a nadie le gusta que le vean gimoteando por las esquinas.

Pasó otro tanto en la despedida de Zizou. Hubo quien aguantó con firmeza el primer homenaje, el de la última salida del astro francés por el túnel de los vestuarios. Luego, cuando el entrenador le sustituyó a falta de pocos minutos para el final del partido, Zidane, aún con tres puntos vitales en juego, evitó convertirse en protagonista retirándose rápidamente al banquillo. Fue al final, tras intercambiar su camiseta con la del argentino Juan Román Riquelme, cuando la emoción pudo con todos: con quienes acudieron al estadio, con aquellos que veíamos el partido por televisión e incluso con el propio Zidane, aparentemente frío y poco gesticulante.

En realidad Zinedine Zidane ha jugado poco tiempo en el Madrid, sólo cinco años. Menos, por ejemplo, que Uli Stielike. Mucho menos que su compañero Roberto Carlos que vino antes y se irá después. Pero en ese tiempo Zizou ha calado muy hondo en el corazón de los madridistas, tanto por su carácter como por su forma de entender el juego. Pasará mucho tiempo antes de que veamos a otro futbolista tan maravilloso como él. Los socios madridistas, que ya lo han visto casi todo, lo sabían este domingo. De ahí que lloraran el adiós definitivo de su ídolo. Porque, cuando dentro de treinta años se hable de aquel equipo que ideó Florentino Pérez, no tengan ninguna duda de que se referirán al Real Madrid de Zinedine Zidane.
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