El negocio del deporte

La peligrosa historia de la selección menguante

Juan Manuel Rodríguez
El diccionario Espasa de términos deportivos define "repescar" como "admitir nuevamente a un deportista o equipo ya eliminado". Y eso es precisamente lo que la FIFA hará con la selección española, tratar de repescarla para que acuda al Mundial del año que viene. No es una experiencia nueva para nosotros puesto que la UEFA también tuvo que colarnos por la puerta de servicio para que estuviéramos físicamente presentes en Portugal 2004. La trayectoria de España es claramente descendente y el fracaso morrocotudo. En el deporte siempre existe la posibilidad de dar la campanada, (ahí está, sin ir más lejos, el caso de Grecia) pero España ha ido empequeñeciendo hasta el punto de que los nostálgicos de Javier Clemente están empezando a sacar en procesión al ex seleccionador. Y eso que, en seis años con él sentado en el banquillo, la selección no se comió un colín. Pero, afirman orgullosos los "clementianos", aquellos jugadores por lo menos se partían el pecho.
 
Es cierto que esta selección se ha quedado sin esos famosos "pasillos de seguridad" de los que tanto le gusta hablar a nuestro seleccionador. Por ausencia de "pasillos", todo pareciera indicar que el propio Luis también carece ahora mismo de un referente claro al que poder asirse con cierta tranquilidad. Los "clementianos" defienden a Clemente y los "lusisistas" respaldan a Luis, pero España continúa en el limbo, o sea en la repesca. No pasa nada, ni hay que rasgarse las vestiduras. Ahora bien, resulta especialmente llamativo el grado de satisfacción y autocomplacencia de los dirigentes de la Federación Española. España va mal. Ya ni siquiera los sub-21 son garantía de nada. Pero Ángel María Villar y quienes le rodean siguen así de felices. Ellos son también son unos directivos de segunda fila y así nos va.
 
Quizás España consiga clasificarse para el Mundial. O quizás no. Es innegable que quedarse fuera de Alemania 2006 supondría un palo económico muy gordo para las cadenas privadas de radio y un disgusto profesional importante para quienes nos dedicamos al periodismo deportivo. En cualquier caso, no está en nuestras manos decidirlo. Llevamos acudiendo a todos los Mundiales desde Argentina 78, y desde entonces la selección española está sumergida en la mediocridad más absoluta. Quién sabe si el hecho de no lograr la clasificación para Alemania obligaría a más de uno a tener que abrir los ojos. Sin dramas. Sin llanto. Pero sin autocomplacencia. Porque esto se parece cada vez más a la peligrosa historia de la selección menguante.
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