El negocio del deporte

La caída del Imperio Romano

Juan Manuel Rodríguez
Del Fulham se compadeció una vez el periodista Geoffrey Green de la siguiente forma: "Pobre, sin método de juego, parece un coche de bomberos corriendo hacia el fuego equivocado". Y eso fue precisamente lo que le sucedió al Real Madrid. Corría Michel. Corría Ramos. Corría Raúl. Corrían todos como lo haría aquel coche de bomberos loco del Fulham, hacia el fuego equivocado. Desde el primer minuto de juego tuve la sensación clara de que el mejor resultado que podrían arrancar los merengues sería una derrota por la mínima. 0-1 con un poco de suerte. Quizás 0-2 si se echaban todos atrás. Al final fue 0-3, pero pudo haber sido 0-5 ó 0-6 perfectamente. Era tan abismal la distancia entre el fútbol que practicaban uno y otro equipo que no habría extrañado la media docena. En el Barcelona corrían y jugaban todos, Ronaldinho con Eto'o, Eto'o con Deco, Deco con Messi, Messi con Xavi, y hacia atrás Xavi con Puyol, Puyol con Márquez, Márquez con Oleguer, y otra vez hacia arriba... Y, mientras eso sucedía, Roberto Carlos, Zidane, Robinho, Raúl y Ronaldo llegaban con el coche de bomberos al fuego equivocado.
 
Aquí podría finalizar perfectamente este artículo, convirtiéndose así en el más breve de todos los que llevo escritos a lo largo de estos cinco años en Libertad Digital. El partido de este 19 de noviembre de 2005 no es para escribirlo, ni tampoco para leerlo sino para verlo y, si acaso, interpretarlo. Y mi interpretación es que el Barcelona sometió al Real Madrid a un glorioso baño de fútbol, un inusitado y dolorosísimo reparto de golpes que tuvo a los madridistas babeando y con los ojos vidriosos durante una hora y media. Pero, ¿qué lectura sacará de lo sucedido hoy Florentino Pérez? ¿Qué interpretación hará de esa imagen, creo que inédita, de sus propios socios aplaudiendo el tercero de Ronaldinho?
 
Todo el mérito es del Barcelona. Incluso aquel magnífico dream team que capitaneaba Johan Cruyff llegaba muerto de antemano al estadio Santiago Bernabéu, rendido y con los dodotis puestos, pero éste no. En ese sentido, Rijkaard le envió un mensaje muy claro a Luxemburgo afirmando que no volvería a sucederles lo del año pasado. Pero Luxemburgo no comprendió nada y, a pesar de que acababan de salir de una lesión, colocó desde el inicio a Zidane y Ronaldo. Luxemburgo alineó nombres y, así, el fútbol pasó a ser propiedad exclusiva de su rival.
 
Yo creo que este resultado sentencia a Vanderlei Luxemburgo, un hombre indudablemente superado desde el primer día por las circunstancias. Pero también tengo el convencimiento de que Florentino Pérez no le echará hoy, ni mañana, ni pasado mañana. Y probablemente no será porque no tenga ganas sino porque eso agigantaría aún más la crisis. Este Real Madrid tiene fútbol suficiente para clasificarse sin demasiados problemas entre los cuatro primeros de la Liga española. Y, quizás, también para acceder a los cuartos de final de la Champions. Pero nada más. El Fútbol Club Barcelona es, hoy por hoy, infinitamente superior. Juega más. Juega mejor. Y juega a otra velocidad. En 1966, tras la derrota de Italia ante Corea del Norte por 1-0 en el Mundial, un rotativo británico tituló así: "La caída del Imperio Romano no tiene comparación con este acontecimiento". Hoy aplaudieron hasta los "romanos".
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