El negocio del deporte

Koeman, el hombre más feliz de la Champions

Juan Manuel Rodríguez

Los entrenadores profesionales de fútbol suelen darse por satisfechos cuando su equipo "fabrica" (así lo llaman ellos, "fabricar", como si fueran churros o muebles de madera) ocasiones de gol. "La táctica es buena", aducen en su defensa, "cuando mi equipo llega con facilidad a la portería rival". Su trabajo consiste en poner el cohete en órbita, el resto sólo depende de la inspiración con la que se hayan levantado ese día los astronautas. Visto así, Frank Rijkaard acertó plenamente con la táctica diseñada para el partido contra el Benfica. O, por seguir empleando el ejemplo aeroespacial, el entrenador puso correctamente el cohete en órbita. Pero luego, lamentablemente, fallaron los astronautas. No recuerdo un partido con tantas ocasiones claras de gol para uno de los dos equipos. Y mucho menos un partido de cuartos de final de la Champions League. Hablamos de los teóricos ocho mejores equipos de Europa, y sin embargo el Benfica se movió por el campo como un verdadero guiñapo durante los primeros setenta y cinco minutos. Y soy generoso.

Tiro de memoria. Una ocasión clara de Iniesta que lanza fuera tras un jugadón. Otra de Deco. La mejor del partido fue para Eto'o, sólo delante de Moretto. Balón al palo de Larsson. Otro más de Motta. Me olvidaba de otra ocasión, también clarísima, de Van Bommel... Y me dejo dos o tres más, seguro. El Barcelona fue infinitamente superior al Benfica pero, como el fútbol tiene estas cosas, el equipo de Koeman, que lógicamente no elevará una queja formal por la falta de acierto de los jugadores rivales, sí podría protestar por un claro penalti de Motta que no vio el colegiado inglés Steve Bennett. Queda suficientemente claro que, también en Europa, el Barcelona se encuentra ahora mismo un escaloncito por encima del resto. Y eso le convierte en el candidato más serio para ganar la Copa de Europa.

La teoría indica que todo se resolverá favorablemente en el partido del Nou Camp, pero albergo pocas dudas de que Ronald Koeman se convirtió en el hombre más feliz del mundo en cuanto el árbitro pitó el final del partido. Desde el primer minuto de juego tuve claro (y si lo tuve yo, lo debió tener también él) que el 0-0 sería un marcador extraordinario para el Benfica. Y sin embargo ahora el Barcelona tendrá que tomarse la molestia de pensar en la vuelta. Eso también es bueno para el Real Madrid.

Posdata gastronómica: A propósito de la tan cacareada amenaza de huelga arbitral, Jaime Lissavetzky lo tiene claro: "Con huevos y con patatas podemos hacer una tortilla de patatas. Esperemos que no se nos pase". Esta declaración de intenciones viene a demostrar que las ambiciones políticas del secretario de lo que nos queda de Estado para lo que nos queda de Deporte no tienen límites. ¿Querrá ser ministro de Cultura?
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