El negocio del deporte

Joan Laportón y su Fútbol Club Barcelonita

Juan Manuel Rodríguez
Está en ello. Y al final acabará consiguiéndolo porque pone mucho interés. Cada día que pasa con Joan Laporta en la presidencia, el Barcelona es un poquito menos club y un poquito más plataforma política y reivindicativa de presuntos derechos históricos que muchos socios no comparten y la mayoría de deportistas desconocen absolutamente. El último conejo catalanista que se ha sacado Laporta de su chistera nacionalista consiste en "discriminar positivamente" a aquellos productos etiquetados en catalán. La campaña en cuestión se conoce como "A taula, en català" (En la mesa, en catalán) y ha sido una iniciativa, ¡cómo no, faltaría más!, de Convergencia y Unió, Esquerra Republicana de Cataluña, Iniciativa por Cataluña y el Partido de los Socialistas de Cataluña.
 
Como podrá apreciarse, mucho catalanismo y poco barcelonismo, un aldeanismo que ha sido duramente criticado por Jordi Majó, socio 29.300 y candidato en su día a la presidencia del Fútbol Club Barcelona. Son dos conceptos distintos: Florentino Pérez quiere universalizar cada vez más al Real Madrid y Joan Laporta quiere reducir cada vez más al Barcelona, hasta convertirlo, quizás, en un Fútbol Club Barcelonita con objeto de convertirse él mismo en un auténtico Laportón. Y parece que está en la línea correcta. El otro día Laporta barrió del mapa a Clos en una encuesta que preguntaba quién sería mejor alcalde de la ciudad condal. Más Laporta y menos Barcelona.
 
Por cierto que, aprovechando la visita del Manchester United al Madrigal, Carlos Queiroz, ex entrenador del Real Madrid y probablemente uno de los hombres que mejor se haya hecho jamás los nudos de la corbata, criticó duramente al equipo madridista y dijo que él había conseguido un milagro. De auténtico milagro cabría definir, sin embargo, que alguien en su sano juicio creyera en un momento determinado  que el ayudante de Alex Ferguson estaría a la altura de las circunstancias de un club con las exigencias del madridista. Ahora resulta que Queiroz ("todo un caballero", afirmaban quienes creían en él) va, como todos, de independiente. Pero mientras permaneció aquí tragó con todo y dijo "sí, bwana". Es probable que le hubiera ido mejor a sus jugadores si él hubiera dicho alguna vez que "no".
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