El negocio del deporte

Il muro de las lamentaciones

Juan Manuel Rodríguez
Walter Samuel arrastró desde el "calcio" una justa fama de defensa duro y correoso, algo así como un Gregorio Benito argentino con perilla. Pero resulta que el central llamado a acabar con la eterna "maldición del 5" se fue diluyendo en el estadio Santiago Bernabéu como lo haría un comprimido de "Alka-Seltzer" en un vasito de agua. Y así fue como "il muro" acabó por transformarse en "il muro... de las lamentaciones".
 
Contra el Albacete, y tras un fallo garrafal que no habrían cometido nunca en su vida Pavón o Mejía, Samuel aprovechó el 4-1 para pasarle factura a sus propios aficionados. Puede que Samuel no lo sepa, (es posible incluso que ya no le quede mucho tiempo para enterarse) pero en el campo del Real Madrid son tan importantes los goles como los gestos. El suyo fue interpretado por la grada como una provocación y no creo que le perdonen hasta que pase muchísimo tiempo. Según se filtró posteriormente a los "medios afines", Antonio García Ferreras cazó a lazo al susodicho Samuel para exigirle que rectificara. Fue lo que podríamos bautizar como "perdón express" porque Walter tenía mucha prisa por marcharse a descansar a su casa.
 
Y, desde la Cadena Ser, se alabó el papel de García Ferreras: "¡Muy bien, Antonio, muy bien!"... Pues no, ¡muy mal, Antonio, muy mal, rematadamente mal!... La mejor política informativa es aquella de la que no se tiene constancia, la política informativa invisible. Haciéndola visible a través de su filtración, lo que consiguió Ferreras fue meterse a sí mismo una cuña publicitaria gratis en la cadena Ser, pero empeoró aún más la situación del futbolista. ¿Es que de no haberse producido la intervención del director de comunicación, el futbolista no habría pedido perdón? Además tampoco recuerdo que la afición madridista haya sido especialmente cruel con Samuel.
 
Walter tendría que mantener una charla tranquila y sosegada, por ejemplo, con Agustín Rodríguez. Era impresionante ver a todo un estadio gritando "¡uyyy!" cada vez que un defensa le cedía el balón a su propio portero. Agustín tragó. Como lo hicieron Michel, Velázquez, Martín Vázquez o Butragueño. Si Samuel no está dispuesto a pasar ese trago ya puede ir haciendo las maletas de vuelta a Roma. Aquella es una ciudad mucho más tranquila.
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