El negocio del deporte

Huelga arbitral, sí, pero de hambre

Juan Manuel Rodríguez

Huelga, sí, pero de hambre, tendrían que haber hecho los árbitros de Primera División. Así, correctamente situado sobre el terreno de juego, el graduado social sevillano Luis Medina Cantalejo probablemente habría visto que lo de Van Bommel era un piscinazo de padre y muy señor mío. De esa forma, el comercial valenciano Vicente José Lizondo Cortés se habría dado perfecta cuenta de que Iriney se tropezaba consigo mismo. Y así hasta el infinito porque la nómina es inacabable: el protésico dental bilbaíno Eduardo Iturralde González, el comerciante madrileño Carlos Megía Dávila, el representante santanderino Alfonso Pérez Burrull, el abogado vallisoletano Julián Rodríguez Santiago... La lista es como para echarse a temblar. Y entre todos éstos, y alguno más – el funcionario madrileño Alfonso Pino Zamorano, el bancario coruñés Evaristo Puentes Leira, el visitador médico santanderino Fernando Teixeira Vitienes– nos han tenido al resto durante toda la semana bailando el chilango. "Ahora sí, ahora no, ahora cobro de aquí, ahora no cobro de allá, ahora lo quiero a mi nombre, ahora lo quiero al del vecino"...

Esta del arbitraje es, sin duda, una de las revoluciones que, junto al diseño de un calendario coherente o la cesión de los jugadores internacionales a las selecciones, tienen todavía pendientes los clubes de fútbol más poderosos de Europa. Joseph Blatter ya les ha amenazado seriamente con echarles a la calle, demostrando su evidente nerviosismo. Porque, ¿cuánto tiempo aguantarían FIFA y UEFA sin Real Madrid, Barcelona, Valencia, Inter, Juventus, Milan, Bayern de Munich, PSV Eindhoven, Manchester United, Liverpool, Chelsea, Olympique, PSG, Oporto o Benfica? El "G-14" ("G-18", en realidad) se dará cuenta de su verdadero poder el día que pise a fondo el acelerador. Aquí, en España, sucede tres cuartos de lo mismo. Cuando la Liga de Fútbol Profesional se dé cuenta de que la Federación es sólo una empresa de (malos) servicios a Angel María Villar y Victoriano Sánchez Arminio se les habrá acabado la conga de Jalisco.

Dramáticas declaraciones del graduado social sevillano Luis Medina Cantalejo tras el terremoto que causó en el Nou Camp: "No me dejan hablar"... ¡No le dejan hablar! ¡Pero si la criaturita tiene 42 años! ¿Quién no le deja hablar? ¿Por qué? ¿Cómo es posible que en el siglo XXI exista un organismo que impida a alguien hablar? ¿No podemos exigirle a Cantalejo que explique sus decisiones? ¿O a Lizondo Cortés? Pues nada, a Cantalejo no le dejan hablar. Todo solucionado. A otra cosa, mariposa. Por cierto, ¿cuándo los árbitros tienen "pipí" o "popó" también le piden permiso al "tito" Vito?
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