El negocio del deporte

Hinchas chinos

Juan Manuel Rodríguez
Si, como dijo tan alegremente en su día el vicepresidente merengue Emilio Butragueño, cuatro de cada cinco chinos son madridistas confesos, Joan Laporta tiene un problema añadido. Y esto son puras matemáticas. Según los últimos datos registrados, China tiene 1.280 millones de habitantes, lo que quiere decir que hay por lo menos 1.024 de madridistas entre Pekín, Shangai, Chongquing o Tianjin. Aplastante. Por lo tanto no resulta extraño en absoluto que Florentino Pérez esté obsesionado con seguir los pasos de Marco Polo.
 
En España todavía no llegamos a los 44 millones de habitantes, lo que significa que el Real Madrid tiene en China 23 Españas llenas hasta arriba de seguidores madridistas, 23 Españas de aficionados chinos ansiosos por comprar camisetas de David Beckham, banderines de Zidane, bufandas de Casillas y fotografías de Ronaldo. Increíble. Y no sigo con este argumento hasta sus últimas consecuencias porque no querría yo que José Ángel Sánchez, de pura emoción, llegase a sugerirle en algún momento a Florentino Pérez la posibilidad de trasladar hasta Shanghai, piedra a piedra como hicieron en su día con el Templo egipcio de Debod, otro estadio Santiago Bernabéu. O quién sabe si el auténtico, no quiero ni pensarlo.
 
Si la gira por China -"nuestra segunda casa", en palabras del propio Raúl González, desplazando así al campo del Español que siempre fue considerado como el segundo Bernabéu- no tenía otro objeto, aunque ellos no lo supieran, que rendir oportuna pleitesía a un mercado potencial con la tremenda "pegada" del chino, ahora resulta que quien tiene el problema es Florentino Pérez porque, tras algunos fallos en la organización del Tour, la prensa de aquel país no ha dudado en definir al club español como una voraz "plaga de langostas" preocupada exclusivamente por ganar dinero como fuera y no de complacer a los hinchas. Como verán, esto del marketing resulta muy complicado. Tanto como lo de satisfacer a los hinchas. Porque, entre tanta emoción china, el Real Madrid corre también el indudable riesgo de acabar enfadando a sus hinchas de aquí, a sus hinchas de diario. Y esos sí que no se andan con chiquitas.
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