El negocio del deporte

Heroico, racial, pasional y genial Rafa Nadal

Juan Manuel Rodríguez
Los grandes campeones son aquellos que fueron capaces de conquistar en su día para siempre el corazón de los aficionados. En el tenis todo el mundo recuerda a Jimmy Connors, John Mc Enroe, Boris Becker o Bjorn Borg como si todavía estuvieran en activo, protagonistas todos ellos de gestas deportivas que pervivirán para siempre en nuestro recuerdo. Otros campeones más fríos, más calculadores, jugadores acaso más "científicos", ganaron también torneos, dinero y fama, pero no fueron capaces de conquistar el corazón de la gente. Por eso, aún hoy, en la pista central de Roland Garros recuerdan a Arancha Sánchez Vicario, una tenista que ponía el alma en cada una de sus jugadas. Y por eso Rafa Nadal está "condenado" a pasar a la historia del tenis mundial. Estoy seguro de que, dentro de diez años, todavía se hablará de la bola del 5-5 del cuarto y definitivo set. ¡Gerónimo!...
 
Nadal es un campeón normal a quien no le incomoda que los periodistas "revoloteemos" constantemente a su alrededor. El mallorquín tiene tiempo suficiente para conceder entrevistas, celebrar su cumpleaños y derrotar sin aspavientos al número uno mundial. A Rafa no le tembló la raqueta cuando medio mundo le consideró desde el primer día —a sus dieciocho añitos— el indiscutible favorito número uno del torneo por encima de Roger Federer; simplemente esquivó la presión con elegancia: "Si ahora soy el favorito como vosotros decís, ¿qué seré dentro de cinco años?"... Rafa Nadal tiene la cabeza perfectamente "amueblada" y, tras ganar la "final anticipada", supo mantener la concentración en la única final, la final real de Roland Garros. Y lo supo hacer ante un tenista, Mariano Puerta, especialmente peligroso: el argentino tenía demasiadas cosas que reivindicar con su tenis, y a punto estuvo de darle un susto imprevisto a nuestro tenista.
 
El deporte español está de enhorabuena puesto que puede presumir de tener dos deportistas que pueden hacer historia: Fernando Alonso, que en el futuro podría proclamarse campeón del mundo de Fórmula Uno, y Rafael Nadal, vencedor del Mundial oficioso de tenis sobre tierra batida. Pero con Nadal triunfó la normalidad. Durante dos semanas ha sabido aguantar la tensión propia y ajena, ha ido eliminando a las estrellas locales y ha vencido con solvencia a uno de los dos o tres tenistas con más clase del último cuarto de siglo. El estilo de juego de Nadal es épico, heroico, pasional, instintivo, racial. Su tenis ya se ganó para siempre, antes de saltar hoy a la pista central, el corazón de los aficionados. Y ése es sin duda el título más prestigioso y difícil de lograr.
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