El negocio del deporte

Florentino mete miedo con Roy Keane

Juan Manuel Rodríguez
Afirma la prensa inglesa que el irascible Roy Keane vendrá al Real Madrid "para despabilar a la plantilla". Florentino Pérez trataría así de imitar el "efecto Davids" que tan magníficos resultados le ofreció en su día a Joan Laporta. El "pitbull" llegó también con el objetivo de removerle las entrañas a la plantilla azulgrana y a fe mía que lo consiguió. El tiempo nos quitó la razón a aquellos que pusimos en tela de juicio el fichaje del futbolista holandés. Davids le dio al equipo el "equilibrio" (término empalagoso que los técnicos suelen emplear en estos casos) del que carecía. El Barça empezó a remontar con Davids... y hasta hoy, 28 de noviembre, día en el que Ronaldinho recibe el merecidísimo Balón de Oro correspondiente al año 2005. Ese sí que es un auténtico "crack".
 
Si de verdad hay alguien en la directiva madridista que piensa que el "lobby brasileño" requiere urgentemente de un Keyser Soze (ver "Sospechosos Habituales" de Bryan Singer) que les meta en cintura, decididamente Keane es su hombre. El irlandés reconoció hace poco en su autobiografía que fue a lesionar voluntariamente al noruego del Manchester City Alf Inge Haaland por un problema que tuvieron algunos años atrás (¡años!)... La Premier League le sancionó con cinco partidos y 220.000 euros, pero Haaland no volvió a pisar jamás un campo de fútbol. Después de jugar durante doce años seguidos en el Manchester United Keane (34 años) llamó "débil" a Ferdinand, "vago" a Richardson y "apestados", entre otros, a O'Shea y Fletcher. Malcolm Glazer, el nuevo dueño del club, lo vio por televisión y decidió ponerle inmediatamente de patitas en la calle (que en su caso es Sir Matt Busby Way Old Trafford, la dirección del "Teatro de los Sueños").
 
Pablo García y Sergio Ramos son dos monjitas de la Orden Trinitaria al lado del tal Roy Keane. En 2002, por ejemplo, fue apartado del Mundial de Corea y Japón por criticar con dureza la falta de compromiso con la selección de algunos jugadores, el entrenador y los directivos de la federación. Lo que deberá valorar con tranquilidad el club es si ese fichaje no supondría apagar el incendio que hay ahora mismo en ese vestuario con una lata de gasolina irlandesa. Porque, en caso de venir, Keane no lo haría para ver, oir y callar, no señor. Ya me estoy imaginando a Marina, la madre de Robinho, amenazándole con llamar a Keane si no se come toda la papillita como un niño bueno.
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