El negocio del deporte

Escándalo en el Calderón, y lo que te rondaré morena

Juan Manuel Rodríguez
Le abrieron la puerta de la calle al gato, ¿quién logrará ponerle ahora el cascabel?... Vayamos por partes. Tras el "cochinazo" del Nou Camp quedó claro que había una justicia deportiva de Champions League, otra de UEFA, otras más de Segunda División y, por último, la justicia deportiva de Segunda B, la justicia de los más pobres, la justicia de los indefensos. Ángel Villar y Joan Laporta, que le apoyó públicamente en las elecciones a la presidencia de la Federación, estuvieron mareando la perdiz y, al final, se modificó aquello que fue necesario para que no cerraran el Nou Camp. Aquella actitud de permisividad rayana con la provocación produjo un clarísimo "efecto llamada" para todos los chalados del fútbol español. El mensaje era claro: ¡pirados del mundo uníos!... ¿Qué fuerza moral iban a tener a partir de ese momento los diferentes comités federativos (¡cuidado que viene Flórez, uhhh qué miedo!) para imponer mano dura?... Ninguna. El precedente fue gravísimo y ahora recogemos (y lo que te rondaré morena) aquel error inicial. Y Laporta tan a gustito en su casita.
 
Luego vino el "monedazo" a Vicente Egido, juez de línea de Megía Dávila, en el transcurso del Valencia-Deportivo de La Coruña. Y, tras aquella lamentable acción de un loco que, dos meses después, todavía sigue en busca y captura, la acertadísima suspensión del partido por parte del colegiado. Tras la agresión, mi opinión entonces fue clara: suspensión definitiva del partido y victoria para el Deportivo de La Coruña. El árbitro hizo su trabajo, pero para entonces la Federación ya estaba atada de pies y manos, indefensa ante cualquier incidente. Y ahora llega lo de Ayza Gamez, este colegiado tan parecido físicamente a Hugh Laurie, el actor que interpreta al doctor Gregory House. Tras el gol de Puerta (0-1) que daba la victoria al Sevilla en su partido contra el Atlético de Madrid, Ayza se hizo el lío del año anulando primero y concediendo después, tras consultar con su asistente, un tanto que era absolutamente legal. Ese titubeo arbitral encendió definitivamente a un sector de chalados que empezaron a lanzarle objetos al portero sevillista Palop. Le calló de todo, incluida una botella de whisky, y al final lograron golpearle en la cabeza con un bote de cerveza.
 
Ayza, como Megía en el Valencia-Deportivo, tomó en ese momento la decisión correcta suspendiendo el partido. Gran parte de los aficionados se marcharon a sus casas... Parece que Leo Franco, incluso, se duchó. Y entonces, en una decisión que nadie logra comprender todavía, Ayza ordenó la reanudación del partido. Decisión que, puesto que los árbitros no hablan con la prensa salvo que les preguntemos por sus gustos personales (ya saben, música, cine, colores y bricolage) deja algunas incógnitas sin responder. Aunque yo las lanzo al aire...
 
- ¿Habló Ayza Gámez con alguien del Comité Técnico en el descanso del partido?
- Si efectivamente habló con alguien, ¿le aconsejó esa persona que reanudara el partido debido al problema de fechas?
- Si, como comenta Del Nido, la decisión de Ayza no era suspender el partido sino esperar hasta que se tranquilizasen los ánimos, ¿por qué nadie lo explicó por megafonía?... ¿Por qué permitieron que se fuera el público?
- En su día Megía Dávila suspendió el Valencia-Deportivo de La Coruña porque una moneda lanzada desde la grada impactó en su ayudante. Correcto. ¿El hecho de que Ayza no suspendiera el Atlético de Madrid-Sevilla quiere decir que Vicente Egido es más importante que Palop? ¿Se suspenden los partidos sólo si se agrede a un árbitro?...
Y ésta otra para Enrique Cerezo...
- ¿Cómo es posible que alguien pueda entrar al campo con una botella de whisky? ¿Qué controles son esos?... Si la misma persona que entró con esa botella de whisky hubiera decidido meter al estadio una bomba de neutrones, ¿lo habría logrado?... ¿Qué dice de todo esto la Liga de Fútbol Profesional?
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