El negocio del deporte

El show del fútbol español

Juan Manuel Rodríguez

En Italia sí que lo tienen claro, no como aquí que nos tiramos todo el día mareando la perdiz. El juez deportivo de la Liga italiana cerró el Olímpico después de ver cómo, en el transcurso de un partido entre la Roma y el Livorno, los romanistas más radicales exhibían símbolos fascistas, cruces gamadas y fotografías de Benito Mussolini. Puesto que la capacidad del Olímpico es de cincuenta y cinco mil espectadores y el grupo de violentos sería como mucho de cincuenta o cien, cabe deducir que esos cánticos fascistas los pagan los otros cincuenta y cuatro mil novecientos aficionados de la Roma que no tienen absolutamente nada que ver con eso. ¿Pagan justos por pecadores? Pues sí, pagan.

Pero en Italia, por seguir con el mismo ejemplo, la ley es una ley para todos, una ley que se aplica siempre en determinadas circunstancias, una ley que no distingue entre pequeños y grandes, entre equipos influyentes y equipos que no lo son. Por otro lado es la única forma de cortar de raíz cualquier acceso de violencia que se cometa dentro de un campo de fútbol o en sus alrededores. Por cierto, hablando de los famosos alrededores: en los alrededores del estadio Olímpico encontró la policía seis cócteles molotov que estaban preparados para ser arrojados contra los autobuses que transportaban a los aficionados livorneses. Existía, por tanto, una relación directa entre lo que ocurrió dentro y lo que iba a suceder fuera, ¿verdad?

De aquellos “cochinazos” impunes vienen ahora estos monedazos, y sólo Dios sabe qué vendrá después. Todo vale. Incluso que la Federación Española se ponga farruca con el Deportivo de La Coruña (en realidad con Lendoiro) por seguir exactamente los mismos pasos que, antes que él, emprendieron un día Fútbol Club Barcelona y Athletic Club de Bilbao. ¿Barça sí, Depor no? ¿Athletic sí, Depor no? ¿Y cómo se come eso? Ángel Villar tuvo incluso la ocurrencia de pedirle al Deportivo que depositara una fianza de treinta millones de euros, pero el letrado del equipo gallego estuvo sembrado: “Con ese dinero compramos la Federación”. Con bicho dentro, añado yo. Al final de esta historia el juez de la Audiencia Nacional optó por dejarlo todo como estaba. En Italia, mano dura. En España elegimos el show.
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