El intrigante silencio de Michael Schumacher

Juan Manuel Rodríguez
Calienta motores Montmeló. A Fernando Alonso le tocaron el otro día las "carolinas" en el sensacionalista Bild con aquello de la "encrucijada amorosa", y el piloto de Renault saltó el miércoles como un león asturiano herido, golpeando a Ferrari donde éste sabía que podría dolerle más al cavallino rampante. "Hacen trampas", afirmó Alonso, "son unos tramposos de tomo y lomo porque ellos prueban veinte días y el resto sólo podemos hacerlo seis". Y aprovechando el cartucho, puesto que la caza no suele abundar mucho, F.A. sacudió también lo suyo a BAR-Honda, equipo enjuiciado por la Federación Internacional de Automovilismo y a puntito de ser sacado por la fuerza del circuito de la Fórmula Uno: "me parecería bien que la FIA les descalificase". Calienta motores Montmeló y ruge el león de la Metro. Esto, por fin, se pone interesante.
 
Cualquier observador objetivo de la situación apreciará rápidamente que el líder del Mundial ha caído en la trampa al entrar al trapo estratégicamente tendido por los alemanes. Mientras tanto, el heptacampeón mundial Michael Schumacher aparece parapetado por los suyos, blindado por la Guardia de Corps de Ferrari y defendido con uñas y dientes por la prensa sensacionalista de su país natal... ¿En qué playa  estaba el miércoles el capo Briatore?... ¿Y quién recomendó a Fernando que saltara al ruedo, cual toro de Osborne revivido?... ¿No corre Alonso el indudable riesgo de convertirse en un piloto antipático a ojos del resto de compañeros?
 
Miguel Induráin, el último gran campeón que dio nuestro deporte, fue especialmente querido y respetado en el pelotón ciclista precisamente porque siempre supo ganar él y dejar ganar también a los demás. Miguelón pasó desapercibido, y su actitud sobre la bicicleta le permitió obtener cinco Tours de Francia consecutivos. Sé que son deportes incomparables y que la Fórmula Uno es mucho más individual, pero... ¿no habrá sacado Fernando Alonso su látigo demasiado pronto?... Ése es realmente mi miedo. Si Alonso aprueba en Montmeló y puede soportar la presión que le han metido, sus seguidores podrán comenzar a soñar con el Mundial. Pero lo que más me intriga (y me preocupa) es el silencio de Schumacher, convertido en un hombre visible sólo los días de carrera.
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